La historia trágica de la pareja que inspiró ‘Los suicidas del Sisga’

Un pacto místico, una foto de despedida y dos cuerpos en una represa. La verdadera historia de Antonio y Tulia, la pareja que saltó de la crónica roja a la eternidad en la obra de Beatriz González.

Comparativa visual: a la izquierda, la portada del diario El Vespertino con la foto real de Antonio y Tulia (1965); a la derecha, la pintura Los suicidas del Sisga de Beatriz González con sus colores planos característicos.
A la izquierda, la portada de ‘El Vespertino’ (1965) con la última foto de la pareja. A la derecha, la reinterpretación que hizo Beatriz González transformando la crónica roja en una obra maestra del arte colombiano.

Por José Ángel Báez A.

El 13 de junio de 1965 fue domingo, día de San Antonio. Ese mismo día, según registró la prensa, un jardinero bogotano decidió acabar con su vida y llevar a la muerte a su novia en la represa del Sisga.

Una semana después los cuerpos aparecieron en el agua y la historia fue gran noticia. Pocos días más tarde, sus rostros terminarían en la portada de un diario de la tarde y, algunos meses después, en uno de los cuadros más conocidos de Beatriz González.

La crónica roja de ‘El Vespertino’

El 28 de junio circuló en Bogotá la edición de El Vespertino, un periódico popular que se imprimía en horas de la tarde con noticias breves, muchas de ellas de crimen, deporte y política. Ese era el modelo de estos diarios, primaba la inmediatez y la crónica roja antes que la reflexión editorial.

En primera página apareció un retrato en blanco y negro de una pareja joven, sentada, cariacontecida, con un pequeño ramo entre las manos. El titular era contundente: “Los enamorados suicidas dejaron su última foto”. Una línea adicional aparece: “la tragedia de la represa del Sisga”. Desde entonces, quedarían marcados como “los enamorados del Sisga”.

Portada del diario El Vespertino de 1965 con la foto de Antonio Martínez y Tulia Vargas y el titular Los enamorados suicidas dejaron su última foto.
La edición original de ‘El Vespertino’ del 28 de junio de 1965. Este recorte de prensa, con su impresión granulada y su titular sensacionalista, fue el material exacto que Beatriz González usó para crear su obra.

Quiénes eran realmente Los suicidas del Sisga

Los archivos, sin embargo, permiten ir más allá. En los días previos y posteriores, El Tiempo publicó dos notas judiciales que son clave para reconstruir quiénes eran esas dos personas. El 25 de junio, una crónica originada en Chocontá, titulada “Víctimas de El Sisga”, relata los primeros datos verificados.

La nota revela que los muertos eran Antonio María Martínez Bonza, de 25 años, nacido en Santa Rosa de Viterbo, y Tulia Vargas, de 20 años, en Viracachá, ambos pueblos de Boyacá.

Artes · Archivo gráfico

Juan Cárdenas, el pintor y caricaturista que desnudó el poder en Colombia

Leer →

El artículo también dice que la identificación no la hizo únicamente la policía. Fueron los propios familiares quienes llegaron hasta la alcaldía de Chocontá tras leer en el diario que habían encontrado dos cuerpos sin nombre en el embalse. Los hermanos de Antonio y una pariente de Tulia fueron al cementerio. A él lo reconocieron por la ropa, por un puente de oro en la dentadura superior y por unas cejas muy pobladas; a ella, por la estatura y porque era la misma joven que Antonio había presentado días antes como su novia.

Las razones de Antonio

El Tiempo agrega que la pareja había viajado a Bogotá y se alojaba en una pieza de arriendo en el barrio Las Ferias, en la calle 68 con carrera 61. Pasaron la noche allí y, al día siguiente, salieron con la misma ropa con la que aparecieron luego en el Sisga.

Cuatro días después, el 29 de junio, el diario volvió sobre el asunto con una segunda nota, “El día de su santo, escogido por Martínez para la tragedia”. Y viene acompañada de un subtítulo que anticipaba la lectura del caso: “Todo indica que el desequilibrado jardinero no contó con la voluntad de la muchacha. Un extraño caso de obsesión mística”.

A partir de la declaración del dueño de la habitación en Las Ferias, el periódico reconstruyó los días previos a la desaparición y el hallazgo de varias cartas de despedida. Según la crónica, los textos eran desordenados y llenos de errores, pero dejaban claras varias ideas: Antonio había elegido el 13 de junio, día de San Antonio y de su santo, como fecha para tomar su decisión. Y pedía repartir sus escasos bienes entre hermanos y sobrinos, rogaba evitar pleitos por herencias. Además, insistía en eximir de toda responsabilidad a familiares y amigos, y explicaba su muerte como el cumplimiento de un camino marcado por Dios.

Pintura Los Suicidas del Sisga de Beatriz González. Retrato de pareja estilo pop con colores planos y saturados: fondo rojo intenso, mujer con velo verde lima y hombre de traje azul oscuro sosteniendo un ramo de flores amarillas.
La icónica obra de Beatriz González.

¿De dónde sale la foto?

Tulia aparece, en cambio, como una muchacha sencilla, de fe tradicional, que habría seguido al novio sin compartir plenamente sus ideas. En los últimos párrafos, la nota se inclina por esa interpretación, la de una joven que acepta un paseo al embalse y un hombre que ha preparado en silencio el desenlace. La explicación psiquiátrica rápida, lo de obsesión mística y desequilibrio, cierra el caso en términos judiciales.

Ese mismo texto aporta otro detalle decisivo. Bajo el retrato de estudio de Antonio y Tulia, el pie de foto aclara que el primero de marzo de 1965, tres meses antes de la tragedia, la pareja se tomó esa fotografía en un estudio comercial.

Recorte de prensa del diario El Tiempo (29 de junio de 1965) titulado El doble suicidio de El Sisga. Incluye la foto de Antonio Martínez y Tulia Vargas y el subtítulo sobre la obsesión mística y la falta de voluntad de la muchacha.
La crónica de ‘El Tiempo’ que revela las cartas de despedida y planteó por primera vez que Tulia Vargas pudo ser una víctima forzada por la ‘obsesión mística’ de su novio.

El Tiempo la presenta como la verdadera estampa de Los suicidas del Sisga y advierte que otros periódicos habían ilustrado la noticia con personas completamente ajenas al caso. La imagen que terminó como rostro oficial de la tragedia no fue tomada el día del viaje al embalse ni por un reportero gráfico, sino en un estudio de barrio (se especula que fue en Foto La Industria) para uso privado. Solo después la agarraron los diarios, entre ellos El Vespertino.

La mirada de Beatriz González


A mediados de los años sesenta, Beatriz González buscaba un camino distinto al de la abstracción dominante en museos y bienales. En lugar de seguir ese cauce, dirigió la mirada hacia lo que el buen gusto despreciaba. Le da prioridad a estampas de santos, imágenes religiosas impresas en papel barato, muebles pintados, recortes de prensa. En ese material encontró la foto de Antonio y Tulia tal como había circulado en los diarios.

Otras obras de Beatriz González trabajadas desde la prensa y la memoria pública

Además de Los suicidas del Sisga, Beatriz González desarrolló una línea de trabajo basada en imágenes de circulación masiva —prensa, fotografías reproducidas y relatos públicos— para construir una memoria crítica de la violencia en Colombia.

Las Delicias, obra de Beatriz González basada en una noticia del conflicto armado colombiano
Las Delicias (serie). Obra basada en un episodio del conflicto armado, tomada de la cobertura periodística.
La pesca milagrosa, obra de Beatriz González de la serie Los ahogados
La pesca milagrosa (1992), de la serie Los ahogados. Pintura realizada a partir de noticias sobre cuerpos arrojados a los ríos.

Aunque pertenecen a momentos distintos de su carrera, ambas obras comparten el método inaugurado con Los suicidas del Sisga: partir de imágenes periodísticas y de mala reproducción para interrogar la forma en que la sociedad mira, registra y olvida la violencia.

No vio solo una tragedia, sino una historia privada convertida en espectáculo, sumada a la estética de la reproducción pobre: el grano de la tinta, el contraste plano de los periódicos populares. La había marcado la exposición de dos jóvenes campesinos que llegan a la ciudad y terminan reducidos a un caso judicial ‘escandaloso’.

El contenido político

Con ese recorte en la mano, pintó Los suicidas del Sisga. En la ficha de la obra, publicada en el sitio Historia/Arte, Felipe Meneses Ballesteros señala que el cuadro marca el inicio de la exploración de González a partir de relatos periodísticos, esos recortes que contribuyen a construir la memoria popular de un país atravesado por la violencia.

Ensayo · Historia y poder

Antonio Caballero y la historia de Colombia contada desde sus oligarquías

Leer →

Sus personajes, escribe Meneses, aparecen iluminados por una paleta de colores estridentes que funcionan como advertencia, el peligro de vivir en el olvido. “Lejos de la solemnidad académica, González toma lo más popular de la iconografía colombiana para construir lenguajes sencillos y cargados de contenido político”, dice el crítico de arte.

Este 9 de enero de 2026, Beatriz González murió en Bogotá a los 93 años. Dejó una obra que convirtió lo que parecía desechable en archivo visual de la historia colombiana. Entre todas esas piezas, Los suicidas del Sisga ocupa un lugar central. Y no es por su fama, sino porque la artista decidió qué vidas merecen ser recordadas y bajo qué imagen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *