La candidatura de Aída Quilcué no inaugura nada. Solo obliga a mirar un archivo que Colombia dejó arrumado: el de Eutiquio Timoté, candidato indígena en 1934, recibido con burla por la prensa y borrado después por la historia oficial.
¿Quién fue Eutiquio Timoté?
La inscripción quedó en la prensa. El 10 de enero de 1934, El Tiempo contó que, a las cuatro de la tarde del día anterior, un grupo de comunistas se presentó ante el alcalde de Bogotá para registrar la candidatura presidencial de Eutiquio Timoté. El candidato no estaba allí. Su aceptación llegó desde Neiva, fechada el 9 de enero, en una nota breve que decía: “por la presente manifiesto a ustedes mi aceptación de la candidatura presidencial”. Firmaba Eutiquio Timoté. El diario, sin embargo, prefirió fijarse en otra cosas, que era un “papel de copia”, “sin testigos ni autenticación”.
Después vino la sátira. En su sección Cosas del día, El Tiempo dice no conocer a Timoté, pero igual lo imagina y lo llama un “hombrecillo locuaz”, de “ojos danzarines”, “piel curtida por los soles campesinos” y hasta con “adusto gesto de mandarín”. Añade que hasta entonces había ejercido la “dulce profesión del anonimato integral” y lamenta que la haya cambiado por la política. No discute sus ideas ni su trayectoria. Lo vuelve caricatura. Lo trata como personaje literario (El Quijote pijao) antes que como candidato.
Timoté venía del sur del Tolima, de Coyaima. El periodista Camilo Jiménez, en un artículo publicado en El Nuevo Día, en 2020, lo presenta como parte de una lucha larga por la defensa de comunidades indígenas y resguardos en su departamento. Allí aparece junto a José Gonzalo Sánchez, dirigente indígena totoró, con quien compartió trabajo organizativo y político. La nota también recuerda un dato que por sí solo habría merecido mejor fortuna en la memoria nacional: fue el primer indígena que aspiró a la Presidencia de Colombia. La política colombiana es muy eficiente para recordar ciertas primeras veces y bastante menos para otras.
Décadas después, la presencia indígena volvió a aparecer en una fórmula presidencial. En 1994, el dirigente nasa Jesús Piñacué Achicué fue candidato a la vicepresidencia junto a Antonio Navarro Wolff por la Alianza Democrática M-19. Y, en 2022, la lideresa wayuu Arelis Uriana participó como precandidata presidencial en la consulta del Pacto Histórico. Que algunos medios la presentaran como la primera indígena en aspirar a la Presidencia dice más sobre los olvidos de la memoria política del país que sobre la novedad del hecho.
Eutiquio Timoté, José Gonzalo Sánchez y Quintín Lame
La historia se entiende mejor si se nombran a los otros que estaban en el camino. Uno es José Gonzalo Sánchez, aliado de Timoté en el trabajo con comunidades indígenas del Tolima, Huila y Cauca. El otro es Manuel Quintín Lame, la figura mayor del movimiento indígena de la época, más conocida, más estudiada y también más icónica. Durante un tiempo caminaron cerca. Luego se apartaron.
Juancarlos Gamboa Martínez, en un ensayo sobre Sánchez y Timoté, reconstruye esa separación. Quintín Lame mantuvo distancia frente al comunismo y frente a la militancia partidaria. Sánchez y Timoté, en cambio, se acercaron primero al Partido Socialista Revolucionario y luego al Partido Comunista Colombiano. No lo hicieron, según Gamboa, para disolver la cuestión indígena en una política general, sino para empujar demandas concretas sobre tierra, resguardo, cabildo y autodeterminación. Ahí también se estaba discutiendo cómo dar la batalla por la tierra en Colombia.

La candidatura presidencial
En 1934, el país venía de un reacomodo político. En 1930, Enrique Olaya Herrera había puesto fin a la hegemonía conservadora. Cuatro años después, Alfonso López Pumarejo avanzaba como el gran candidato liberal, mientras el conservatismo, sin fuerza para disputar la elección, ni siquiera presentó aspirante. Apenas cuatro años después de su fundación, el Partido Comunista Colombiano resolvió participar con Timoté. La victoria de López estaba cantada. La candidatura del indígena no iba a cambiar esa relación de fuerzas, pero sí iba a dejar constancia de una presencia política inédita hasta entonces.
El contraste era brutal. López Pumarejo era el liberal de élite, el hombre llamado a gobernar, el futuro presidente de la Revolución en Marcha. Timoté era un dirigente pijao del Tolima, ligado a la defensa de resguardos y a la organización regional. Camilo Jiménez resumió bien el momento: en 1934 hubo “dos candidatos tolimenses a la Presidencia”. Uno era López. El otro, Timoté. Uno quedó en el corazón del relato político colombiano. El otro, fuera de foco. No por falta de biografía, sino por exceso de olvido.
Los resultados de la elección fueron, como cabía esperar, aplastantes. López obtuvo 938.808 votos y Timoté 3.401 (99,64 % frente a 0,36 %). La importancia de esa candidatura no estuvo en sus opciones reales de triunfo, sino en haber quedado inscrita.
Qué pasó después de las elecciones
El historiador Medófilo Medina, profesor emérito de la Universidad Nacional y autor de Historia del Partido Comunista de Colombia (1980), lee esa candidatura sobre todo como un gesto simbólico. Y le dice a LA RUEDA SUELTA que el partido quiso “levantar esa figura, aunque Timoté no tenía ningún chance”. Y añade: «muchos dirigentes populares figuran en su momento y luego desaparecen si la fuerza política que los impulsó no se ocupa de sostener su memoria».
Después de la elección, Timoté volvió al Tolima y dejó de aparecer en la prensa nacional, entró en trabajos de historia social, investigaciones sobre movimientos indígenas y memorias locales. Camilo Jiménez dice que regresó a Coyaima y siguió trabajando. Gamboa Martínez lo ubica durante años en labores de organización entre comunidades del Tolima, Huila y Cauca. El mismo texto insiste en que él y José Gonzalo Sánchez fueron opacados no solo por otras figuras sino por el peso del anticomunismo. Su nombre se fue diluyendo.
En 2023, una crónica publicada por el periódico del Partido Comunista recogió el testimonio de Abel Timoté Tique, hijo de Eutiquio. El relato, firmado por Nelson Lombana Silva, se mueve entre el relato familiar y la crónica política. Ahí aparecen los escondites cavados en la arena del río Saldaña para dormir fuera de la casa, las persecuciones y la policía entrando de madrugada.
Según dice Abel en al artículo, su padre fue herido el 3 de febrero de 1953 por detectives del gobierno y murió un día después.
Por qué vuelve a hablarse de Eutiquio Timoté
El nombre de Timoté siguió vivo a fragmentos. Un artículo regional aquí, un estudio histórico allá, la memoria familiar en Coyaima, un libro sobre protestas agrarias. Ahora, con la candidatura de Aída Quilcué, ese nombre vuelve a sonar. Ella llega desde otra organización, otro siglo y otra visibilidad. Pero su presencia en la campaña devuelve una escena anterior que Colombia había dejado en segundo plano. Antes de las curules especiales y antes del lenguaje constitucional de la diversidad, hubo un indígena en una candidatura presidencial nacional. Se llamaba Eutiquio Timoté. Y la prensa de entonces creyó que estaba bien reírse de él.
