La historia de Omar De Felippe en Colombia comenzó cuatro años después de que fuera enviado a la guerra de las Malvinas. Sus excompañeros en Manizales recuerdan a un defensa sólido, reservado y marcado por una guerra de la que casi nunca hablaba.
En 1982 disparaba una ametralladora en las islas Malvinas. Cuatro años después jugaba en Manizales.
Omar De Felippe había terminado el servicio militar obligatorio y buscaba abrirse camino en las divisiones menores de Huracán cuando el Ejército argentino volvió a convocarlo. Tenía 20 años. Fue enviado a la isla Soledad como integrante de la Compañía A Tacuarí del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 y quedó encargado de una ametralladora.
Desembarcó en una guerra que duró 74 días. Vivió bajo los bombardeos, el frío, la falta de sueño y la escasez de comida. Una orden del capitán Rubén Zunino le salvó la vida: le pidió que abandonara una posición poco antes de que un proyectil cayera en ese mismo lugar.
La guerra dejó 649 combatientes argentinos muertos, 255 militares británicos y tres civiles isleños. Por Argentina participaron cerca de 23.844 combatientes. Casi la mitad de las bajas argentinas ocurrió durante el hundimiento del crucero General Belgrano.
El costo continuó mucho después del último disparo. Miles de veteranos regresaron con lesiones físicas y consecuencias emocionales que tardaron años en ser reconocidas. En el plano económico, las estimaciones de la época situaron el costo directo para Argentina entre 400 y 500 millones de dólares, en un país que ya atravesaba una crisis de deuda, inflación y devaluación. La guerra agravó el deterioro del régimen militar, aunque no fue la única causa de la crisis económica argentina.
De Felippe volvió a Argentina y Huracán lo recibió. Una semana después ya estaba concentrado con el primer equipo. Debutó profesionalmente en 1983. Años más tarde resumió lo que significó aquel regreso:
“El fútbol me salvó la vida”.
Omar De Felippe en Colombia, su llegada al Cristal Caldas
En el primer semestre de 1986 llegó al Cristal Caldas, nombre que entonces llevaba el actual Once Caldas. Lo acompañaban otros tres argentinos: el arquero Carlos Prono, Marcelo Aldape y Gustavo Crnko.
El entrenador era Alberto Tardivo, un técnico argentino que conocía a De Felippe desde las divisiones formativas de Huracán y le ofreció una oportunidad cuando su carrera parecía estancada. La revista manizaleña Nuevo Estadio presentó al grupo en su portada del 24 de febrero de 1986 bajo el título “Aporte argentino al Cristal”.
Para sus compañeros, De Felippe era principalmente un defensa central serio y confiable.
“Un tipazo dentro y fuera de la cancha”, dice Miguel Antonio Rada, quien compartió con él en el Cristal Caldas.
Mario Marín, portero suplente del equipo, conserva un recuerdo semejante:
“Era muy profesional, se entrenaba muy bien y era un gran defensor central”.
Los argentinos eran reservados y permanecían bastante juntos. En el vestuario se sabía que De Felippe había combatido en las Malvinas, pero casi nadie se atrevía a preguntarle. Él tampoco acostumbraba profundizar en el tema.
Rada recuerda que alguna vez el argentino dejó una reflexión que explicaba su mirada sobre la guerra:
“Mientras nosotros exponíamos el cuerpo, los que armaron la guerra estaban tranquilos en sus casas”.
La frase no procede de una grabación de De Felippe. Es el recuerdo que Rada compartió con La rueda suelta cuatro décadas después. Su sentido, sin embargo, coincide con la posición que el excombatiente ha expresado públicamente: los jóvenes enviados al frente pagaron las decisiones de quienes dirigían la guerra desde lejos.
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El paso de De Felippe por Manizales duró apenas unos meses.
Los malos resultados provocaron la destitución de Alberto Tardivo. Entonces ocurrió algo poco frecuente en el fútbol colombiano: los cuatro jugadores argentinos que habían llegado con él decidieron marcharse en solidaridad con el entrenador.
“Echaron a Tardivo y ellos renunciaron y se fueron”, recuerda Marín.
La historia de Omar De Felippe en Colombia duró apenas unos meses, pero sus excompañeros todavía recuerdan al defensa firme y al hombre reservado que llegó a Manizales. Poco después asumió Francisco Maturana. En el Cristal Caldas comenzó a desarrollar las ideas que más adelante influirían profundamente en la selección colombiana y en una generación completa de entrenadores y futbolistas.
De Felippe ya no estaba para presenciar ese proceso.
De Colombia a una carrera exitosa como entrenador
Después de su regreso a Argentina continuó como futbolista y, tras retirarse, inició una extensa carrera como entrenador.
Con Olimpo ganó la Primera B Nacional y ascendió a la máxima categoría. También consiguió ascensos con Quilmes e Independiente. En 2015 fue campeón de Ecuador con Emelec. En 2024 condujo a Central Córdoba de Santiago del Estero al título de la Copa Argentina, el primer trofeo nacional de la historia del club.
Aquel éxito tuvo un peso particular. El hombre que había regresado de una guerra sin saber cómo continuar levantaba, más de cuatro décadas después, una copa como entrenador.
Otro Argentina-Inglaterra
El 15 de julio de 2026, Argentina derrotó 2-1 a Inglaterra en la semifinal del Mundial. No fue en cuartos de final: el triunfo clasificó a la selección argentina para disputar la final contra España.
Tras el partido, los jugadores argentinos desplegaron una bandera con la frase:
“Las Malvinas son argentinas”.
De Felippe escribió:
“Como veterano de Malvinas, hoy solo quiero agradecerles a estos chicos por la enorme alegría y la inmensa caricia al alma que nos regalaron”.

La celebración reabrió una discusión que excede el fútbol. Dos días después, el columnista británico Simon Jenkins planteó en The Guardian la necesidad de retomar las negociaciones sobre las islas.
De Felippe ha dicho que no siente odio hacia los británicos y que un futbolista inglés ya no representa a un enemigo. También sostiene que la disputa debe resolverse mediante la política y nunca mediante otra guerra.
Cuarenta y cuatro años después, su historia une dos escenas difíciles de imaginar en una misma vida: un joven de 20 años bajo los bombardeos en el Atlántico Sur y un defensa que, cuatro años más tarde, entrenaba en silencio en una cancha de Manizales.
El fútbol no resolvió el conflicto. Para Omar De Felippe, al menos, hizo algo decisivo: le permitió regresar.



