El presidente electo Abelardo de la Espriella anunció que no gobernará desde la Casa de Nariño. Su decisión recuerda a los presidentes que gobernaron fuera de Bogotá durante el siglo XIX, por guerras, golpes de Estado, problemas de salud o decisiones personales.
El presidente electo Abelardo de la Espriella anunció que no gobernará desde la Casa de Nariño. La sede presidencial se convertirá en museo, y el mandatario despachará desde el Palacio de San Carlos, con sedes alternas en Barranquilla, Medellín y Cali.
La historia de Colombia dice que esto no es nuevo. Entre 1854 y 1900, ocho presidentes gobernaron el país desde ciudades distintas a Bogotá. Y los motivos siempre fueron distintos, como golpes de Estado o problemas de salud. Los casos ocurrieron en el siglo XIX, cuando hubo nueve guerras civiles, sin contar las revueltas regionales. No todo paró ahí: el país tuvo ocho constituciones distintas, una en promedio cada ocho años.
La Guerra de los Mil Días, ya al final del siglo, sería la última y también la más costosa. Había cambio de Constitución casi tan seguido como de gobierno y no había una idea fija de dónde debía ejercerse el poder. Bogotá era la capital en el papel, pero el control real del país se movía a donde se movía la guerra, la salud del presidente de turno, o simplemente su vida privada.
Presidentes que gobernaron fuera de Bogotá: un patrón del siglo XIX
Que varios presidentes gobernaran fuera de Bogotá no fue una simple acumulación de excepciones. Estos episodios muestran el peso político que tenían las regiones durante el siglo XIX, cuando el Estado y la geografía del poder todavía estaban en formación.
Para el historiador Fabio Zambrano, consultado por LA RUEDA SUELTA , estos desplazamientos deben entenderse como parte del proceso de construcción del Estado moderno. Después de tres siglos de dominio colonial, la aceptación de las nuevas instituciones republicanas fue lenta y difícil.
También estaba cambiando la geografía del poder: Cartagena entraba en decadencia y Barranquilla ganaba importancia; Popayán perdía influencia frente a Cali, mientras Medellín se encontraba en ascenso. “La organización del poder en la geografía colombiana se estaba definiendo”, explica.
Las precarias comunicaciones, asegura él, ayudan a entender por qué algunos gobiernos simultáneos pudieron coexistir durante semanas. El telégrafo alivió parcialmente el problema en las últimas décadas del siglo. Para Zambrano, la ubicación de Bogotá, una de las capitales americanas más centradas dentro de su territorio, contribuyó a consolidar su centralidad política.
1854: un golpe de Estado saca al gobierno de Bogotá
El 17 de abril de 1854, el general José María Melo dio un golpe de Estado y encarceló al presidente José María Obando. Tomás Herrera, un panameño que era designado presidencial, logró escapar de Melo y, el 21 de abril, se declaró en ejercicio del poder ejecutivo en Chocontá, al norte de Bogotá. Derrotado militarmente, trasladó la sede de su gobierno a Ibagué, que durante meses funcionó como capital provisional de la República, con Congreso y Corte Suprema funcionando allí.
El 5 de agosto de 1854, entregó el poder a Obaldía, que también había logrado escapar y llegar hasta Ibagué, desde donde continuó gobernando hasta que, derrotado Melo en diciembre de ese año, el gobierno regresó a Bogotá y entregó la presidencia a Manuel María Mallarino, en abril de 1855.
Herrera no vivió para ver el final del conflicto que él mismo había resistido. Murió en una calle de Bogotá el mismo día que sus tropas retomaron la capital.
1854-1855: de Ibagué de vuelta a Bogotá
Era un abogado y político panameño que había sido vicepresidente de la Nueva Granada durante la crisis. Obaldía llegó hasta Ibagué para asumir la presidencia donde Herrera la dejaba.
Y continuó gobernando desde allí, sosteniendo el gobierno constitucional frente al régimen de Melo que estaba en Bogotá. Solo tras la derrota del dictador, en diciembre de 1854, pudo regresar la sede del gobierno a la capital. Este entregó la presidencia a Manuel María Mallarino el primero de abril de 1855, cerrando el episodio que había arrancado con el golpe del año anterior.
1861: el único presidente afrodescendiente de Colombia
Juan José Nieto Gil, escritor y dirigente liberal nacido en Cibarco, había gobernado el Estado de Bolívar. Aliado con Tomás Cipriano de Mosquera, decretó en julio de 1860 la separación de Bolívar de la Confederación Granadina. El 25 de enero de 1861 se declaró en Barranquilla en ejercicio del Poder Ejecutivo de los Estados Unidos de Colombia, como segundo designado.
Mientras Nieto ejercía el mando desde la región Caribe, el gobierno constitucional de la Confederación continuaba en Bogotá. Mariano Ospina Rodríguez terminó su mandato el 31 de marzo de 1861. Al día siguiente asumió el procurador general Bartolomé Calvo, debido a que no habían podido realizarse las elecciones y los designados estaban ausentes. Nieto ejerció el poder hasta el 18 de julio, cuando las tropas de Mosquera tomaron Bogotá, depusieron a Calvo y Mosquera asumió el poder.
Nieto es, hasta hoy, el único presidente afrodescendiente en la historia de Colombia. Durante más de un siglo, su gobierno fue apenas una nota al pie en los registros oficiales. Solo en 2018, la Casa de Nariño lo incorporó formalmente a la galería de expresidentes de la República.
1862: el gobierno derrotado siguió funcionando desde Pasto
Tomás Cipriano de Mosquera se rebeló contra el presidente Mariano Ospina Rodríguez y se tomó a Bogotá en julio de 1861. Un año después, el general Leonardo Canal, antiguo ministro de Gobierno y Guerra del depuesto presidente Bartolomé Calvo, asumió el Poder Ejecutivo en La Unión, Nariño. El 26 de julio de 1862 declaró a Pasto capital provisional de la Confederación Granadina.
Como la Constitución impedía ejercer simultáneamente el gobierno y dirigir el ejército, Canal encargó el Poder Ejecutivo a Manuel del Río el 6 de noviembre. Del Río gobernó desde Pasto hasta el 16 de enero de 1863, cuando terminó la resistencia y sus dirigentes partieron al exilio.
Durante seis meses, el gobierno conservador continuó funcionando lejos de Bogotá. Era el bando derrotado, pero también la continuidad del gobierno constitucional que Mosquera había depuesto. Banco de la República: Leonardo Canal y Manuel del Río.
1867: 36 días con dos presidentes constitucionales
El 29 de abril de 1867, Mosquera disolvió el Congreso y se declaró en ejercicio supremo del poder. El 12 de mayo, Joaquín Riascos, tercer designado a la Presidencia, asumió el Poder Ejecutivo en Santa Marta. Once días después, Santos Acosta, segundo designado, asumió la Presidencia en Bogotá tras el derrocamiento de Mosquera. Las dificultades de comunicación impidieron que Riascos conociera inmediatamente lo ocurrido.
Gobernó desde Santa Marta sin saberlo hasta junio, cuando reconoció a Acosta y cesó en sus funciones. Durante 36 días, Colombia tuvo dos presidentes constitucionales al mismo tiempo. El Congreso reconoció después los 47 días de Riascos como legítimos, mediante la Ley 15 de 1868, el único caso de la historia colombiana con dos presidentes simultáneos.
1886-1894: el poder por telégrafo desde una casa frente al mar
Rafael Núñez fue elegido presidente en cuatro ocasiones. En la última, tras su reelección de 1892, se posesionó de forma simbólica en Cartagena y nunca volvió a Bogotá como jefe de Estado.
Vivía en una casona de madera en el barrio El Cabrero, junto a su esposa Soledad Román, desde donde por telégrafo dirigía las decisiones estratégicas del país, mientras el vicepresidente Miguel Antonio Caro asumía la administración en Bogotá. La Constitución de 1886, que el propio Núñez había impulsado, no exigía residencia permanente en Bogotá, así que la fórmula no representaba una infracción institucional.
Cartagena, entonces un puerto secundario sin el reconocimiento que tiene hoy, se convirtió durante casi una década en el verdadero centro de decisión del país, mientras Bogotá conservaba apenas el título de capital. Núñez murió en El Cabrero en 1894, sin haber regresado a la sede oficial del gobierno.
1898-1900: el presidente de mayor edad gobernó lejos de Bogotá
Manuel Antonio Sanclemente fue elegido presidente en 1898, a los 84 años, el mandatario de mayor edad en la historia de Colombia. Su delicado estado de salud le impidió llegar a tiempo a Bogotá para la posesión del 7 de agosto, así que el vicepresidente José Manuel Marroquín asumió el cargo de manera temporal.
Sanclemente llegó a la capital y se posesionó el 3 de noviembre de ese año, pero no se quedó porque su salud lo llevó primero a Anapoima, luego a Tena, y finalmente a Villeta, desde donde continuó gobernando mientras Bogotá seguía siendo, solo en el papel, la sede del poder.
El 31 de julio de 1900, con el país ya en guerra civil, el propio Marroquín lo derrocó. No hubo disparos ni motines. El vicepresidente simplemente asumió el poder mientras Sanclemente, ya anciano y enfermo, permanecía en Villeta.
“El hecho de que varios presidentes del siglo XIX no gobernaran desde Bogotá muestra que el país aún no estaba organizado alrededor de un poder central plenamente consolidado. La prolongada disputa entre federalismo y centralismo, junto con el peso político y económico de las distintas regiones, hacía que gobernar desde la capital no fuera todavía una condición indispensable para ejercer el poder”, explica el historiador Jorge Cote, consultado por LA RUEDA SUELTA.
Fuentes: Banco de la República (Banrepcultural), Biblioteca Nacional de Colombia, Biblioteca Luis Ángel Arango, Presidencia de la República, El Tiempo.
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