Lo mejor del viejo cine italiano está en YouTube

Durante la cuarentena, muchos aprendieron a cocinar, a entender Excel o zurcir medias. Otros retomaron viejas pasiones o aficiones, como ver películas italianas, muchas de ellas alojadas en YouTube.

‘La dolce vita’, protagonizada por Marcello Mastroianni y Anita Ekberg. Película de Federico Fellini, 1960. Crédito: Archivo particular.

Eduardo Arias*

En estos meses de confinamiento y tiempos muertos he aprovechado muchas de las horas de trasnocho para volverme a conectar con una muy vieja pasión: el cine italiano.

Es una afición que se remonta al segundo semestre de 1979 (tal vez octubre), cuando yo estudiaba biología y me hice amigo de un compañero de mi hermano que intentaba seguir la carrera de arquitectura y que no terminó porque le pudo más su pasión por el cine, y se dedicó a ese asunto desde entonces.

Mauricio Bonnett (así se llama mi amigo, quien además de director, guionista y evaluador de proyectos cinematográficos también ha publicado tres novelas) me dijo una tarde de lunes que iba a capar Taller y que si lo acompañaba al Teatro Jorge Eliécer Gaitán porque esa semana arrancaba un ciclo de Federico Fellini. Así que durante cinco tardes seguidas vi Julieta de los Espíritus, 8 y 1/2, Satiricón, Amarcord y Roma.

Desde ese momento, me volví un adicto a los ciclos de cine, que hoy llaman de autor, que aún presentaban en teatros de Bogotá que luego se convirtieron en congregaciones religiosas, discotecas LGTBI o outlets de zapatos. Y la gran mayoría de esos directores que me llamaban la atención también eran italianos: Luchino Visconti, Michelangelo Antonioni, Bernardo Bertolucci, Lina Wertmüller, Pier Paolo Pasolini, Ettore Scola, Francesco Rosi… no era fácil cultivar esa nueva adicción en las condiciones de un mundo premoderno, en el que tener acceso a una película era casi imposible pues no había cómo conseguir películas sino someterse a las copias cada vez más desgastadas que presentaban en esas funciones de cine-club.

Alain Delon y Claudia Cardinale, en ‘El gatopardo’, 1963, dirigida por Luchino Visconti.

Con el paso de las décadas, y con muchos altibajos (muchos más bajos que altos), seguí añadiéndole títulos a las películas ya vistas. Con la aparición del Betamax, el VHS, el Videolaser y el DVD pude ver algunas más, y conocer algunos clásicos del neorrealismo de Roberto Rossellini y Vittorio De Sica. Incluso llegué a comprar unos tres o cuatro DVDs que, por falta de tiempo, no llegué a verlos.

Entonces, llegó la pandemia. Y, como coincidencia, Señal Colombia emitió una serie documental en la que se habla de dos rivales. Por ejemplo, Coca Cola y Pepsi. Y uno de ellos está dedicado a la rivalidad que existió entre Fellini y Visconti. De casualidad, encontré en esos primeros días de la pandemia un programa de Televisión Española que conmemoraba los 100 años del nacimiento de Federico Fellini. Señal Colombia emitió Bellísima, de Luchino Visconti, y la grabé en el decodificador. Ahora, con tanto tiempo a mi disposición, decidí ver Entrevista, de Fellini, uno de los DVDs que no había visto aún. Me puse a buscar qué había en YouTube y descubrí que allá han subido decenas de películas italianas, varias de ellas en buena resolución y con subtítulos en castellano o en inglés. Otras toca verlas con la traducción automática de YouTube que no es tan confiable.

La verdad, yo no sé qué es lo que tanto me atrae del cine italiano. El hecho es que mi tridente de directores favoritos del cine lo conforman Fellini, Visconti y Antonioni, en cualquier orden. Y digo esto porque, a pesar de un origen común (el neorrealismo italiano) cada uno siguió su propio camino. Los tres tuvieron etapas distintas que hacen muy diferentes sus primeras obras de las de etapas posteriores. Además, los tres nacieron en ambientes muy distintos. Visconti, el más viejo de todos (1906), era un aristócrata que pertenecía a una de las familias más poderosas de Milán. Antonioni nació en Ferrara, en 1912, en el seno de una familia de industriales que vivía de manera holgada. Y Fellini (1920) lo hizo cerca de allí, en la ciudad costera de Rimini, en una familia de clase media.

Visconti, quien trabajó en los años 30 en Francia con el destacado director Jean Renoir (hijo del pintor), dejó atrás sus pasiones de aristócrata y se involucró de lleno con los temas sociales, hasta el punto de volverse simpatizante del partido comunista.

Giulietta Massina en ‘Julieta de los espíritus’, de Federico Fellini, 1965.

De hecho, al volver a Italia, Visconti rodó Obsesión, basada en el cuento El cartero siempre llama dos veces, de James M. Cain, que se estrenó en 1943 y se exhibió de manera restringida porque su temática molestó al régimen fascista. La película mostraba la Italia de carne y hueso, con los dramas del pueblo, y eso iba en contravía de la imagen imperial de una Italia idealizada que quería vender la propaganda. El neorrealismo utilizó en muchas ocasiones actores sin ningún tipo de formación. Muchas de sus películas se rodaron en escenarios reales y no en estudios, y de esa manera creó una estética en la que surgieron otros nombres capitales como Roberto Rossellini y Vittorio De Sica.

Fellini arrancó su carrera como guionista de varias de las películas de Rossellini, entre ellas la clásica Roma, ciudad abierta. Antonioni también fue discípulo de Visconti y comenzó su carrera con cortometrajes documentales que también mostraban esa otra cara de la realidad.

Pero el cine italiano es mucho más que neorrealismo. Visconti, apasionado por la ópera y el teatro, en los años 50 se volcó a mirar el mundo desde la óptica del mundo aristocrático que marcó su infancia y juventud y sólo volvió al neorrealismo con Rocco y sus hermanos, de 1960, una de sus obras maestras. Fellini y Antonioni se mantuvieron más cercanos a las premisas de la estética del neorrealismo durante los 50. De esa época datan La strada y Las noches de Cabiria, de Fellini, y El grito, de Antonioni. Películas que, aún cercanas al neorrealismo, ya muestran unos giros que llevarán al primero a La dolce vita y 8 y 1/2, y a Antonioni a su trilogía de la incomunicación: La aventura, La noche y El eclipse.

Marcello Mastroianni y Daniela Rocca en ‘Divorcio a la italiana’, 1961, dirigida por Pietro Germi.

En 18 semanas pude repasar gran parte del catálogo de Fellini, Visconti y Antonioni. Gracias a YouTube pude ver por primera vez La dama sin camelias y El grito, de Antonioni; Los inútiles, Almas sin conciencia y Los payasos, de Fellini. Pero también regresé a Bertolucci; volví a ver Nos habíamos amado tanto, de Ettore Scola, una de las películas más hermosas que he visto en mi vida. De nuevo gracias a YouTube he podido sumergirme en el fascinante mundo de Pasolini. Pude ver Divorcio a la italiana, una hermosa película de Pietro Germi y también me he aventurado en el mundo de la comedia, de la mano de directores como Mario Monicelli, Dino Risi, Franco Rossi y Luigi Filippo D’Amico. Y también vi, por fin, una que es más familiar a las nuevas generaciones y que yo jamás había visto completa: Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore.

¿Actores? La lista es interminable: Anna Magnani, Giulietta Masina, Claudia Cardinale, Monica Vitti, Silvana Mangano, Stefania Sandrelli, Sofía Loren, Sandra Milo, Annie Girardot, Dominique Sanda, Marcello Mastroianni, Massimo Girotti, Alain Delon, Burt Lancaster. Y con el cine, la música. En ese apartado la figura predominante ha sido Nino Rota, compositor de la mayor parte de las bandas sonoras de las películas de Fellini. Queda mucho por ver. Mucho por explorar. Pero cuando pase todo esto, si es que algún día pasa o si sobrevivo, sin duda recordaré agradecido y conmovido a todos estos directores, actores y productores italianos que me han dado tanto consuelo en estas semanas de confinamiento e incertidumbre.

Algunas películas que se pueden encontrar en YouTube

* Periodista y escritor, trabajó en revista Semana y El Tiempo.  En Twitter: @ariasvilla

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