“Rock al Parque es una de las mejores inversiones que ha hecho el Estado”

Rock al Parque llega a su edición 30, del 10 al 12 de octubre en el Parque Simón Bolívar. Tres décadas de rock gratis, miles de historias y las voces de quienes lo han vivido desde la tarima, el periodismo y el público.

Vista aérea del público frente a la tarima principal de Rock al Parque, en el Parque Simón Bolívar de Bogotá
Rock al Parque reúne cada año a miles de personas en el Parque Simón Bolívar, en Bogotá. Foto: Idartes

Por José Ángel Báez A.

Gabriel García Márquez  escribió que «la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos». Una forma sugestiva de explicar la nostalgia y  que refleja lo que se siente cada vez que se acerca una nueva edición de Rock al Parque: la turba, el aire espeso de humo y alientos, la fila, el amigo que llega tarde, la banda que uno no conocía y ya no olvida. Este sábado 10 de octubre empieza la número 30, y dura hasta el lunes 12, en el Parque Simón Bolívar.

Hay otros festivales, como el Estéreo Picnic y Cordillera, pero este sigue siendo gratis y el que junta a bogotanos y gente de todo el país, a bandas que nunca habían tenido un escenario así y a otras que ya son leyenda. Para hablar de lo que ha significado reunimos testimonios de quienes lo organizaron, de músicos que pasaron por sus tarimas y periodistas que lo han vivido de cerca.

Rock al Parque, de 80 mil a 320 mil asistentes

En mayo de 1995, cuando comenzó, más de 120 agrupaciones se presentaron a la convocatoria y tocaron 43, además de Fobia, de México, y Seguridad Social, de España. Fueron más de 80 mil personas. Al año siguiente llegaron cerca de 105 mil, con 60 bandas nacionales; en 1997, cerca de 160 mil; en 1999, 225 mil; en 2005, cerca de 210 mil. En 2006 el festival alcanzó los 320 mil asistentes y 350 artistas en escena.

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Seis años después, en 2012, ya eran tres tarimas y 62 agrupaciones, con Charly García en el cierre. Los 20 años, en 2014, superaron las 400 mil personas. Y en 2019, en la edición 25, el concierto de Juanes fue el de mayor asistencia de los primeros 25 años del festival, según Idartes.

Después vino la pausa, por la pandemia no hubo festival presencial en 2020 ni en 2021. En 2022 volvieron más de 300 mil personas y, por primera vez, el festival duró cuatro días. Esa es la cuenta oficial, «30 años, 30 ediciones»: de 1995 a 2026 caben 32 festivales, la pandemia se llevó dos, y quedan 30. Este fin de semana serán más de 60 agrupaciones, 34 de ellas internacionales.

Integrante de La Pestilencia con rastas largas en movimiento sobre la tarima de Rock al Parque, bajo luces azules y magenta, junto a un micrófono con soporte ornamentado en forma de pájaro
La Pestilencia durante unos de sus conciertos.

Y fue primero un lugar

En los testimonios que el propio festival recogió para sus 30 años, Andrea Echeverri, de Aterciopelados, recuerda que antes de Rock al Parque «había unas bandas y había un movimiento, pero no había dónde tocar». Después el escenario creció, «y nosotros también». Para Dilson Díaz, de La Pestilencia, fue algo más que una vitrina: «las administraciones entendieron que este es un espacio que nos pertenece». Y 1280 Almas ve en el nombre una pista que no fue casual: la palabra parque habla de resignificar los espacios para hacer cultura «a través de la convivencia en paz».

«Había unas bandas y había un movimiento, pero no había dónde tocar».

Las bandas de afuera lo entendieron igual. Según el curador Héctor Mora, el festival era una parada obligada porque en sus países no existían eventos gratuitos de esa dimensión, y, dice, las bandas «se sienten más orgullosas del evento», y también la ciudadanía. Y Julio Correal, uno de sus fundadores, todavía se emociona: se le llenan los ojos de lágrimas cuando ve al público feliz.

La cifra que no sale en los balances

Hay una cuenta que ningún balance registra: la de quienes aprendieron aquí su oficio. Chucky García la conoce desde adentro. Cubrió las primeras cinco ediciones como periodista, hizo en 1997 «posiblemente el primer documental» del festival, fue parte del equipo de prensa en 2000 y 2001 y programador artístico entre 2014 y 2022. Ahora coordina la memoria de los 30 años: un libro, una caja de colección, un foro de periodismo de rock y una exposición que se inauguró en la Virgilio Barco.

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Desde esa trinchera ve un aporte que va más allá de la música. Rock al Parque es un proyecto del Estado, con participación ciudadana y presupuesto bajo, que circula artistas y, a la vez, forma gente: «técnicos de sonido, fotógrafos, periodistas, roadies, gestores». Es, según Chucky, un caso raro de continuidad. Funcionó treinta años porque hubo voluntad política y porque la ciudadanía lo defendió, y por eso lo considera «una de las mejores inversiones que ha hecho el Estado». Lo compara con el metro: cada administración encargó un estudio distinto, y él calcula, «estoy casi seguro», que un solo estudio costó lo que han costado las 30 ediciones del festival.

Paola Colmenares, que manejó a Kraken, pasó por disqueras y llegó a ser jefa de Amazon Music, es una de esas personas. Cuando ella y otras mujeres empezaron a manejar bandas, el rock era «el género que nadie quería trabajar». Ahí «pudimos entrar muchas y hacer carrera». Hoy están en distintas áreas de la industria, algunas a escala internacional. Para ella, esa es la historia que falta contar: la de los «invisibles de la música», los que están detrás de la tarima, y la de los roadies, los técnicos de gira, que hoy trabajan con artistas fuera del país y que se formaron aquí.

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Cada quien tiene su fecha

A Alejandro Pérez, editor cultural de la revista Semana, le tocó Morfonia en el Parque Olaya Herrera, a mediados de los noventa. Llegó tarde a un concierto de Animal en la plaza, aunque los vio “desde la porra” y también en La media torta. Recuerda a Illya Kuryaki con «toda esa plaza saltando al tiempo, una fiesta incomparable», y a Robi Draco Rosa en su época de vagabundo y poeta, un concierto «increíble, inolvidable». Lamb of God, hace poco, fue «espectacular». Se perdió a Testament y a Suicidal Tendencies, y sin embargo dice: «qué gran festival».

Texto alternativo: Integrantes de Morfonía sobre la tarima de Rock al Parque, con el cantante al frente con camiseta blanca y un saxofonista a la derecha, ante un público numeroso frente a una tribuna.
Morfonía en Rock al Parque. Una presentación en el barrio Olaya Herrera.

Daniel Ospina, también periodista y especializado en música, guarda otros: Atari Teenage Riot, una banda de electrónica que muchos puristas rechazaron, pero que él considera de las más alineadas con el espíritu del festival, por “antifascista y extrema en su sonido, aunque el sonido esa noche no fue bueno”. Marilina Bertoldi, «gran cantante, muy buena guitarrista». Y Slow Crush, una banda de shoegaze que pusieron en el día de metal y que «me voló la cabeza».

Las mujeres que consultamos recuerdan escenas parecidas. En 2005, Apocalyptica «se comió esa tarima» y le devolvió el país a Paola, que acababa de volver a Bogotá. Ella recuerda también al Kraken Filarmónico,un formato «nuevo, innovador, arriesgado» que hoy es común en las tarimas del festival. En 2007, la periodista Renata Rincón vio a Los Bunkers, la perfección técnica de una banda que ensayaba ocho horas al día. 

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En 2012, Camila Rivas pudo ver a Charly García con Andrea Echeverri en escena, y a NOFX en el mismo cartel: «uno de esos shows que me cambió la vida». Lucrecia Rotlewicz, directora de Desarrollo en Info de Bolsillo, también estuvo ahí: «el parque entero cantó a todo pulmón». Ella guarda además a Ultrágeno: «inspiraron a toda una generación de nuevos proyectos musicales en la ciudad». Y Andrea Pérez Martínez eligió el homenaje por los 25 años, en 2019, el último antes de la pandemia: «una recarga de energía muy poderosa para enfrentar lo que se nos venía».

Renata agrega los rituales: el «¡Qué chimba de energía!» que gritan algunas bandas de metal, los pogos gigantescos de La Pestilencia, el piso que tiembla cada vez que La Derecha toca «Ay, qué dolor», un himno de la ciudad.

Ellas

Tres de las seis mujeres que consultamos respondieron lo mismo a la pregunta por la más importante de la historia del festival: Bertha Quintero, su creadora. Las otras dos prefirieron no escoger a una sola. Camila ve en el trabajo de las mujeres una construcción colectiva, y en los escenarios musicales «una gran deuda». El cartel de este año tiene a 21 de sus 64 agrupaciones con participación femenina, el 32,8 por ciento.

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Andrea Pérez Martínez, también periodista, dice que el valor del festival es otro: un acercamiento gratuito de la cultura a toda la ciudad, y un tejido. Rock al Parque «es un inmenso telar lleno de hilos de influencias musicales», y todo ese movimiento «es la mejor banda y el mejor artista».

Bertha Quintero sonriendo, con el cabello recogido y una blusa blanca bordada con flores de colores, en el interior de una casa.
Bertha Quintero, una de las impulsoras de Rock al Parque.

Lo que viene en Rock al Parque

Este sábado tocan Between the Buried and Me, Stratovarius y Apocalyptica; el domingo, Claudio Narea, de la formación original de Los Prisioneros, y el lunes, Boca de Serpiente, Editors, Ministry y Los Bunkers. I.R.A. llega a su quinta participación; Nadie y Desorden Público, a la cuarta.

«Rock al Parque es, casi, el archivo vivo del rock de este siglo y de buena parte del anterior».

Alejandro Pérez espera sobre todo a Editors, una banda que conoció en un festival en 2006 y que, dice, «ha evolucionado mucho en su sonido» sin perder «un corazón rock». Nunca había venido a Latinoamérica: «en estos 30 años que sea la primera vez acá, me parece muy emocionante». También espera a Ministry, otra «primera vez enorme»; a Between the Buried and Me, de metal progresivo; a Boca de Serpiente, y a Sí la Cusa, que «vienen sonando cada vez mejor». Y Claudio Narea, a quien vio en Cordillera y que ahora toca en la plaza: «ese concierto con las canciones de Prisioneros es increíble».

Fotografía en blanco y negro de la banda Ministry: seis integrantes con ropa oscura y gafas de sol posan frente a un muro de bloques, y el del centro, de rastas, extiende los brazos tatuados
Ministry, la banda estadounidense de metal industrial, se presenta en Rock al Parque el lunes 12 de octubre.

Daniel Ospina cree que este es, probablemente, su cartel favorito de la historia, y justamente porque se parece menos al del asistente habitual. Reconoce que hay una tendencia a que el público sea más purista, y por eso pide dos cosas: entusiasmo y «amplitud de miras». Del entusiasmo no duda: ver a Ministry, a Los Bunkers, a Editors, a Stratovarius o a Apocalyptica, dice, «eso llama».

Rock al Parque es, casi, el archivo vivo del rock de este siglo y de buena parte del anterior. Cada generación dejó ahí una canción, una pelea de amigos, un primer concierto. Quizá por eso, cuando suena el primer acorde, la memoria hace lo que decía Gabo: se queda con lo bueno.

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