5 películas fundamentales del rock en este siglo

El periodista español Eduardo Guillot describe y entiende, como pocos, la relación entre el cine y el rock. Y escogió para LA RUEDA SUELTA cinco casos excepcionales de este siglo. Para leer, ver y oír.

El autor es también Director artístico en Mostra de València. Crédito: Tania Castro. 

* Eduardo Guillot

En su libro Sueños Eléctricos: 50 películas fundamentales de la cultura rock (2016), Guillot evidencia el vínculo entre cine y el género musical de Elvis, Beatles y el festival Woodstock, entre otros nombres, movimientos y acontecimientos. Y sirve como pretexto para entender ciertas coyunturas históricas.

En Rock en el cine (1999), donde dice que estas dos industrias están condenadas a entenderse, analiza 450 películas rock e incluye producciones clave por su trascendencia, banda sonora y argumento. Y, además, ha escrito libros sobre Iggy Pop, Traci Lords (la actriz porno), 50 películas de terror, el gore y Stephen King, entre otros.

Para LA RUEDA SUELTA, a partir de Sueños Eléctricos, eligió cinco películas fundamentales de la cultura rock del siglo XXI.

  1. HEDWIG AND THE ANGRY INCH (John Cameron Mitchell, 2001)

Hedwig en una presentación en Baltimore.

John Cameron Mitchell debutó en el cine adaptando su propio musical, una auténtica apoteosis glam que reivindica la libertad sexual (ha sido tildada de manifiesto gay) y pone en el centro de la acción a un transexual punk en lucha constante consigo mismo y con los demás.

Un cuento de hadas adulto, narrado con desbordante imaginación y recursos (animación, karaoke, videoclip) y donde colisionan nostalgia, tragicomedia y melancolía. Un manifiesto sobre la identidad que es una reivindicación del derecho a la diferencia, pero también una apología del amor puro, más allá de las fronteras de género.

Hedwig es una cantante confesional y de vocación melódica encerrada en un cuerpo suturado que vomita furia eléctrica, y Stephen Trask, compositor de la banda sonora, supo convertir en canciones la angustia del personaje, y contó para grabarlas con miembros de Girls Against Boys y con el guitarrista Bob Mould (Hüsker Dü, Sugar), que lograron hacer de Tear Me Down, Origin of Love, Angry Inch, Wig in a Box o Sugar Daddy pequeños hits underground.

  1. 24 HOUR PARTY PEOPLE (Michael Winterbottom, 2002)

Tony Wilson, interpretado por el británico Steve Coogan.

La biografía de Tony Wilson (fundador del sello Factory y del club The Haçienda), es en realidad una excusa de Michael Winterbottom para retratar la escena musical de Manchester entre 1976 y 1992. La edad dorada de la ciudad.

El propio Wilson, encarnado por Steve Coogan, reconoce no ser más que un personaje secundario en una historia donde el protagonismo recae en Joy Division, New Order y Happy Mondays. El triunfo del cineasta consiste en huir tanto del biopic tradicional como del film musical al uso.

Como señala Wilson, “si tienes que escoger entre los hechos y la leyenda, imprime la leyenda”, una alusión a El hombre que mató a Liberty Valance (John Ford, 1962) con la que se subraya que la película entra desde su inicio en un terreno en que conviven la realidad, el rumor y el mito, de ahí que la estructura fragmentaria, con constantes interrupciones y rupturas de la narración convencional, se ajuste a la perfección a los hechos que se cuentan. Las alusiones a cámara, el uso de la elipsis o la incluso la irrupción de elementos fantásticos llevan la película a un terreno en el que todo es posible.

  1. END OF THE CENTURY (Michael Gramaglia y Jim Fields, 2003)

Los Ramones y su documental.

Recuerdo perfectamente cuando vi la película por primera vez, en la sección Panorama de la Berlinale 2004. Los directores salieron a presentarla ante una sala llena y pidieron al público que alzaran la mano quienes habían tenido la oportunidad de ver a los Ramones en directo. Cuando lo hicimos, dijeron: “Lo sentimos por los que no han levantado la mano”.

Solo un par de cineastas que también son fans de la banda serían capaces de hacer un documental así, que desborda amor por Ramones y al mismo tiempo genera una profunda pena en el espectador, al comprobar que ese cuarteto de falsos hermanos que escribió tantas canciones que hicieron feliz a tantos millones de personas tiene una historia marcada por la tristeza: El sempiterno fracaso comercial de sus discos en Estados Unidos, el destino trágico de Dee Dee y su adicción a la heroína, los largos años durante los que Joey y Johnny no se dirigieron la palabra porque el segundo se casó con la novia del primero…

  1. I’M NOT THERE (Todd Haynes, 2007)

Cate Blanchett como Jude Quinn, en I’m Not There.

Probablemente, el biopic más inclasificable de la historia del cine. Porque se inspira en la vida (o, mejor, en las vidas) de Bob Dylan, pero el planteamiento de Todd Haynes se aleja voluntariamente de los cánones del género para plantear una ambiciosa reflexión en torno a una de las figuras más importantes de la música popular del siglo XX.

Lo que Haynes propone es una disección (literal, ya que la película se inicia con una autopsia) de un personaje inabarcable y poliédrico. Tanto, que un solo actor no basta para encarnarlo, y utiliza hasta seis, entre ellos una mujer: Cate Blanchett. La película se sirve del blanco y negro y el color, de las formas documentales y de la reconstrucción de ficción, de la reelaboración de material precedente (las referencias a Dont Look Back), de la citas directas (Julianne Moore como trasunto de Joan Baez) y de la alusión metafórica (Woody Guthrie, Arthur Rimbaud, Billy El Niño), para dinamita la cronología de los hechos y lograr su objetivo, que no es trazar un retrato convencional, sino reunir el máximo número de piezas posibles para intentar componer una imagen completa.

  1. BIRD ON A WIRE (Tony Palmer, 1974-2010)

Leonard Cohen, en 1974.

Esta elección tiene un poco de trampa, porque la película se rodó, en realidad, en 1974, pero la versión que se estrenó entonces no respondía a las intenciones del director. Hubo que esperar a que en 2007 aparecieran las cintas con el material original rodado por Tony Palmer y a que la película se remontara según sus deseos para descubrir su enorme relevancia.

El cineasta solo puso una condición cuando le propusieron rodar una gira que, en teoría, debía ser la última de Leonard Cohen: Tener acceso total a todo lo que quisiera grabar. Y ese fue el problema. Cuando el manager del cantante vio el material, decidió remontar la película, hurtando al espectador las imágenes que finalmente vieron la luz en 2010.

Palmer no se limitó a mostrar al cantante y su banda en directo, sino que retrató en toda su crudeza las dificultades de la vida en la carretera. Los momentos en los camerinos, tras el último concierto, con Cohen llorando y los miembros de la banda abrazándose unos con otros, son de una intensidad emocional excepcional, rara vez vista en una pantalla. El artista está literalmente roto, y la cámara lo capta sin filtros de ninguna clase, traspasando la barrera que separa el mito del hombre corriente.

*Autor de ‘Sueños eléctricos. 50 películas fundamentales de la cultura rock’. 


Dónde conseguir el libro 

1 comentario en “5 películas fundamentales del rock en este siglo”

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