«Yoko Ono convenció a Lennon de que él era un artista y no un músico pop». (Y otros detalles de la separación de los Beatles).

Hace medio siglo fue la disolución del grupo para siempre, aunque desde años atrás ya eran notorias las grietas entre sus miembros. Un desenlace en el que Bob Dylan y Yoko Ono serían fundamentales.

Los Beatles, el 5 de junio de 1964, poco antes de que se diera uno de los primeros episodios que marcaría el desencuentro entre los cuatro de Liverpool. Crédito: Wikimedia Commons.

Eduardo Arias*

En 1970 la separación de los Beatles conmovió al mundo. Todos estaban al tanto de que las cosas estaban bastante mal entre los integrantes de la banda y en varias ocasiones se habían hecho evidentes las cada vez más grandes fisuras. Aún así, nadie parecía estar preparado para que lo que todos intuían se hiciera realidad.

La separación, que había comenzado como una enfermedad silenciosa muchos meses atrás, se concretó de manera extraoficial el 11 de abril, cuando Paul McCartney lanzó su álbum solista titulado McCartney, en el cual se incluía una especie de autoentrevista en la que hablaba de que el grupo ya no existía.

McCartney, además, lanzó su álbum justo cuando estaba anunciado el lanzamiento de Let it Be, de los Beatles, lo que provocó grandes molestias entre los otros tres integrantes de la banda. A partir de ese momento se dio por hecho de que los Beatles ya eran historia.

El 31 de diciembre de 1970, Paul McCartney solicitó judicialmente la disolución de la banda, una muy dispendiosa diligencia que sólo llegó a hacerse efectiva en 1975.

Sin embargo, el grupo como tal, o al menos tal como se hizo famoso en el mundo entero en tiempos de la Beatlemanía, comenzó a deshacerse bastante tiempo atrás.

Es importante recordar que los Beatles se hicieron famosos siendo un cuarteto en el que todos vestían igual, se cortaban el pelo igual, respondían ruedas de prensa en las que la respuesta a las preguntas las daban en conjunto. Se gastaban bromas entre ellos, eran irónicos y divertidos con la prensa y daban una imagen muy compacta, como si los cuatro fueran parte de una misma persona.

El 31 de diciembre de 1970, Paul McCartney solicitó judicialmente la disolución de la banda, una muy dispendiosa diligencia que sólo llegó a hacerse efectiva en 1975.

Esta imagen amable la creó su manager Brian Epstein, que transformó a un sucio y desaliñado grupo de músicos que usaban chaquetas de cuero en la impecable banda de cuatro amables muchachos que lucían trajes de paño, camisa con corbata y peinados con capul.

Esa idea del grupo unitario en el que cada uno los cuatro integrantes eran un complemento indispensable de los otros tres comenzó a deshacerse muy lentamente.

Bob Dylan en el Massey Hall de Toronto en 1980. Crédito: Wikimedia Commons. 

Aparece Dylan

Podría decirse que el primer paso se dió el 28 de agosto de 1964, cuando los Beatles estaban en Nueva York y se reunieron con Bob Dylan en la habitación del hotel Delmonico’s. Se dice que en esa conversación Dylan les dio a conocer la marihuana (es probable que ese dato sea falso, que los Beatles ya la conocían), les dijo que eran un grupo muy bueno pero que las letras de sus canciones eran muy tontas. Los Beatles descubrieron que la música podía ser mucho más que el yeah yeah que los había hecho famosos.

Como escribió un periodista, “a la habitación de Dylan ingresaron los Beatles y de ella salieron, John Lennon, Paul McCartney y George Harrison”. Ese encuentro con Dylan les abrió nuevos horizontes creativos y poco a poco cada individuo comenzó a ser más importante que el conjunto.

En esos meses posteriores, el grupo siguió bastante cohesionado. Sin embargo, comenzaron a componer canciones en las que cada vez era más evidente quién era el autor, así estuvieran firmadas Lennon-McCartney.

En 1966, los Beatles, agotados por las muchedumbres y las giras interminables que a duras penas les dejaban tiempo para componer y grabar, decidieron no volver a presentarse en vivo y se tomaron unas vacaciones de cinco meses, en las que por primera vez cada uno de ellos estuvo por su lado.

Ya en aquel verano y otoño de 1966 comenzaron a surgir rumores acerca de la separación del grupo. Sin embargo, a finales de noviembre volvieron al estudio 2 de Abbey Road para trabajar seis meses en su álbum Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band.

Como escribió un periodista, “a la habitación de Dylan ingresaron los Beatles y de ella salieron, John Lennon, Paul McCartney y George Harrison”.

 El álbum se lanzó el 1 de junio de 1967 y marcó un hito irrepetible en la historia del rock. Los Beatles, en plena efervescencia de la sicodelia, aparecían como los líderes del llamado “verano del amor” y de una nueva conciencia universal.

Pero la muerte de Brian Epstein, a finales de aquel año, marcó el comienzo del fin. Hasta ese momento el mánager había sido la pieza clave que los mantenía unidos. Pero, al haber dejado los Beatles las giras y los viajes, que él organizaba, sintió que perdía el control, su razón de ser, y eso lo deprimió profundamente.

John Lennon y Yoko Ono en «Bed-Ins for Peace» en Ámsterdam. Crédito: Wikimedia Commons. 

Aparece Yoko Ono

A partir de 1968 los desencuentros entre los integrantes de la banda fueron cada vez más frecuentes. Y la aparición de Yoko Ono en la vida sentimental de Lennon abrió una grieta que nunca se pudo volver a cerrar. Yoko Ono convenció a Lennon de que él era un artista y no un músico pop.

El reflejo de aquella época es el llamado “álbum blanco”, un disco que los críticos consideran como una colección de canciones de Lennon, McCartney y Harrison en plan solistas (y una composición de Ringo Starr). En enero de 1969 los Beatles se reunieron de nuevo para intentar hacer un documental que los mostrara como un grupo de amigos que dejaban atrás las cada vez más sofisticadas técnicas de composición, orquestación y grabación que habían utilizado a partir del álbum Revolver, de 1966, y volvían a las raíces.

Pero el resultado fue un testimonio en celuloide en la que era más que evidente que entre ellos no había casi ninguna comunicación. Ese material se dejó archivado y aparecería, como álbum y película, un año después bajo el nombre de Let it Be.

El formidable álbum Abbey Road, que grabaron en el verano de aquel año, pareció mostrar un grupo otra vez integrado y en su mejor momento creativo. Pero sólo fue el canto del cisne. Pocos meses después el grupo se separaba definitivamente.

Los Beatles, en 1964. Crédito: Wikimedia Commons.

Pero en el imaginario de la gente siempre estuvo latente la posibilidad de una reunión. Y no era una mera especulación teórica. Durante los años 70 fue frecuente que dos o hasta tres ex Beatles trabajaran juntos. Ringo Starr fue uno de los bateristas del álbum All things must pass, así como del concierto benéfico para Bangladés que organizó George Harrison en 1971. Harrison colaboró en alguna de las canciones de John Lennon de los primeros años 70. En el álbum Ringo, de 1973, participaron John, Paul y George, aunque nunca en la misma canción. En ese álbum, además, Ringo interpreta composiciones de Lennon y de McCartney.

Yoko Ono convenció a Lennon de que él era un artista y no un músico pop.

Se sabe que en 1974 John Lennon y Paul McCartney, que en teoría estaban de pelea, se reunieron en Los Ángeles y grabaron juntos. Todo parece indicar que Yoko Ono se encargó de arruinar cualquier posible intento de reunión musical entre esos dos viejos amigos del alma. Esa posibilidad de reunión desapareció por completo el 8 de diciembre de 1980 cuando asesinaron a John Lennon.

Así que, si uno mira la historia desde lejos, podría decirse que la separación de los Beatles fue un muy largo proceso que comenzó en Nueva York el 28 de agosto de 1964 en la habitación de Bob Dylan en el hotel Delmonico’s, y terminó también en Nueva York, el 8 de diciembre de 1980 a la entrada del edificio Dakota, donde Mark Chapman le disparó a Lennon y mató el sueño latente de millones de personas. El sueño había terminado.

*Periodista y escritor, trabajó en revista Semana y El Tiempo. En Twitter: @ariasvilla

 

 

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