Jairo Pinilla: el director de cine que ya no tiene películas

Es el realizador más controvertido del cine colombiano. Mientras unos le dicen maestro, otros no lo bajan de ingenuo, malo y lo apodan el ‘Ed Wood criollo’. Una entrevista con Jairo Pinilla. 

Jairo Pinilla

El director se fuma, a veces, un paquete de cigarrillos diario

José Ángel Báez A. *

Le dijeron que algunos muertos, recién enterrados, gritaban de noche en los cementerios y pedían auxilio porque querían salir de su cajón. Decidió hacer una película.

Algún día también le dijeron, que tal vez yendo al más allá, falleciendo y luego regresando, se podría descubrir quién fue el asesino de una persona. Decidió hacer otra película.

Hace un par de meses fue estrenado en Colombia el documental La venganza de Jairo, si se quiere, un homenaje a Jairo Pinilla, el padre del terror y de la ciencia ficción en Colombia.

Un realizador que desde hace casi 40 años no estrena una película en la pantalla grande, pero sus fans (más de los que se creen) lo han elevado a la categoría de culto, perdura a la sombra.

Y entre ellos, el director Luis Ospina, quien en el documental confiesa que a Pinilla fue al único realizador colombiano al que llamó “maestro”. El laureado Ciro Guerra (El abrazo de la serpiente) hasta hace un símil con Orson Welles.

Pinilla, en los años 80, fue quizá uno de los más taquilleros del cine colombiano con películas que, entre sillas de ruedas asesinas y cascabeles vengativas, asustaban o causaban hilaridad. Dependía de las expectativas.

En 1982, Claudia Triana, hoy directora de Proimágenes, escribía en Cuadernos de cine, una publicación de la Cinemateca Distrital: “Cuando unos condenan a Pinilla por hacer un cine anodino, ubicable entre las malas cinematografías de cualquier lugar del mundo, otros afirman que difícilmente alguien puede ser más auténticamente colombiano”.

El documental, dirigido por Simón Hernández, reseña cómo Pinilla lucha para hacer la primera película en 3D en Colombia, con actores de carne y hueso. Ya tiene título: El espíritu de la muerte.

Entre tanto, de manera rudimentaria, se encarga de los efectos en un proceso de edición. Pero no avanza mucho: su computador está dañado y perdió algún material que ya había hecho.

Mientras ‘cacharrea’, no para de revivir el episodio que lo sacó por un buen tiempo del cine: el embargo de sus películas por parte de Focine (Compañía de Fomento Cinemetográfico), a la que le adeudaba, en la década del ochenta, 10 millones de pesos.

LA RUEDA SUELTA lo llamó para preguntarle cómo iba con su nueva película, pero pidió que lo llamaran mejor en la noche, mucho mejor si era después de las 8 o 9 p.m. Ahí comenzó la conversación…

LA RUEDA SUELTA: Jairo, ¿usted no le tiene miedo a la noche?

 JAIRO PINILLA: ¿A qué?, ¿a la noche?, ¿que si yo le tengo miedo? No, porque yo no salgo por la noche, entonces no me pueden robar.

LA RUEDA SUELTA: Lo digo por los fantasmas y los ataúdes, que tanto le gusta mostrar en sus películas…

J.P.: Yo le tengo miedo a una sola cosa, a que no adivina…

 LA RUEDA SUELTA: ¿A no poder hacer más películas? ¿a morir de repente? no sé

J.P.: No, le tengo miedo a alejarme de Dios

Funeral siniestro, de Jairo Pinilla

Escena de ‘Funeral siniestro’ (1977), primer largometraje de Pinilla.

LA RUEDA SUELTA: ¿Usted es creyente?

 J.P.: Claro, ¡Ave María!, si no creyera no estaría donde estoy…

LA RUEDA SUELTA: ¿Y no lo desafía con esas películas de muerte, espíritus, sangre y terror?

J.P.: Nooo… Lo que pasa es que yo tengo un sistema, el de darle a la humanidad lo que le gusta. Cuando uno le da medicina a un perro; el perro no se va a tomar una pastilla así le diga: “siéntese aquí y se la toma con un vasito de agua”. No lo hace, pero si usted se la da entre un pedazo de carne, lo que le gusta, se la traga de una. ¿Sí o no? Entonces, a la gente hay que darle lo mismo…

LA RUEDA SUELTA: ¿Cómo así?

J.P.: Si tú pones dos películas en un centro comercial que tenga dos teatros, y en uno anuncias ‘La palabra de Dios en el siglo XXI’, seguro entran a verla solo cuatro o cinco viejitas. Pero en el otro teatro, el del frente, anuncias ‘El demonio y el sexo en el siglo XXI’, pues todo el mundo se mete ahí. ¿Sí o no?

Mi primera película quedó más mal hecha que el carajo.

LA RUEDA SUELTA: Usted no le teme a la muerte…

 J.P.: No, hermano, me parece lo más natural. A lo que sí le tengo miedo, le pido a Dios que no suceda, es quedar por ahí sufriendo. Hace poco le ocurrió a un hermano que tenía, además de cáncer, Alzheimer.

LA RUEDA SUELTA: ¿Cree que existen el cielo y el infierno, y que, además, usted va para el cielo?

 J.P.: Pues sí, lo creo, hermano, que tiene tiene que existir un premio para el que obra bien y un castigo para el que obra mal.

LA RUEDA SUELTA: En su película ‘Área maldita’ (1980), ubicada en la época de la bonanza marimbera en Colombia, los que fuman marihuana son atacados (‘castigados’) por una serpiente venenosa…

J.P.: Sí, ese soy yo. Mira, mi primera película, Cita con la época (1971), la hice por ensayar. Y su mensaje es tan fuerte que, aun sin terminar, se las mostré a unas monjas (San Pablo Films) y estas me dijeron: “Venga y nosotros le pagamos para que la termine”. Pero ahoritica la veo y me da rebote, hermano, porque quedó más mal hecha que el carajo.

LA RUEDA SUELTA: ¿Así de mal quedó?

J.P.: Quedó mal hecha, mejor dicho, no tiene bien los ejes de cámara, está desenfocada y con problemas de luz. Tiene fallas brutales.

LA RUEDA SUELTA: ¿Cuál es el mensaje tan fuerte que tenía su película?

J.P.: Un tipo engaña a una chica y se acuesta con ella, la deja embarazada. Pero después hay un problema verraco: el tipo es casado y ella, cuando lo busca, descubre que todo es mentira. El niño que nace se vuelve ladrón. El mensaje era el engaño. No le cuento más…

LA RUEDA SUELTA: ¿Y dónde se pueden ver sus películas?

J.P.: Hermanito, cuando quiera, me dice. Yo no las voy a pasar más gratis en televisión. Estoy bregando para que la televisión sea televisión, y el cine sea cine. Mire, yo le digo a algunos amigos que voy a estrenar mi película , por decir, ¿Por qué lloran las campanas? (2005) Y me dicen, “en qué canal”. ¡Cómo así que en qué canal, si yo hago cine, no televisión!

EL ORIGEN

Jairo Pinilla, nacido en Cali el 21 de agosto de 1944, escribió alguna vez que la primera película que vio en su vida fue El Ladrón de Bagdad (1940), en el teatro Colombia de Bogotá. Lo impactó ver caballos, alfombras voladoras, el genio de la lámpara, aventuras en alta mar…

Siempre codició lo desconocido. En primaria, en el colegio San Bernardo, usaba los cuadernos para trazar aventuras, inventaba historias, sus compañeros le pedían que hiciera más y más… Ya empezaba a leer tiras cómicas y las historias de El Santo, el enmascarado de plata, luchador e ícono de la cultura popular mexicana.

Jairo Pinilla preparando El espíritu de la muerte.

Jairo Pinilla haciendo lo que más le gusta hacer. Foto: Simón Hernández y Andrés Kaiser.

Poco a poco, los taquilleros empezaron a conocerlo en el teatro Ideal, en el barrio Las cruces, y en el Nariño, en la calle 2a. # 4-75. Ambos en el centro de Bogotá.

LA RUEDA SUELTA: ¿De ahí nació su amor por el cine?

J.P.: Desde pequeño me ha gustado. Yo iba mucho a cine mexicano cuando estudiaba. Alguna vez, me hice sacar una muela con dolor para ahorrarme lo de la anestesia. Así pude ver una película de Pedro Infante y Jorge Negrete.

LA RUEDA SUELTA: ¿Por qué esa predilección por el cine mexicano?

J.P.: Por sus canciones y, además, era admirador de María Félix y Ana Bertha Lepe. Y de otros artistas impresionantes como Cantinflas, Tin Tan y Clavillazo, pero lo mejor fue cuando ‘Diosito’ me permitió ir a México a estudiar una especialización en ingeniería electrónica.

LA RUEDA SUELTA: ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro?

J.P.: Los sábados y domingos me quedaban libres para ir a los estudios Churubusco, y ver cómo hacían cine. Allá, imagínese, codeándome con Javier Solís o Luis Aguilar. Después de verlos, en blanco y negro, en los teatros, ahora los conocía todos colorados, en vivo y en directo.

LA RUEDA SUELTA: Muy bien, pero ¿en qué momento le gustó el cine de terror?

J.P.: Siempre, la mayoría somos masoquistas. Por ejemplo, un carro mata a alguien y alrededor se llena de gente para ver el cadáver. En el cine es igual. A mí me movieron de la butaca, El exorcista (1973) y algunas de Hitchcock. Y mexicanas, así como de miedo, que uno diga qué bruto, el susto y la vaina…El ahijado de la muerte (1946), con Jorge Negrete. Yo incluso la tengo en VHS.

A mí me daba miedo ver un un ataúd con un muerto adentro.

LA RUEDA SUELTA: ¿Dónde aprende a hacer películas, dónde aprende a hacer cine?

J.P.: Cuando estuve en México vi cómo hacían muchas cosas, y aquí unos amigos tenían una camarita de 16 milímetros, una Bolex, que trabajaba con cuerda. Y por lo que veía en México, era metiendóme y metiéndome… ¿Cómo era que hacían aquí, cómo hacemos acá? Yo no sabía ni enhebrar una cámara, ni que debía meter la película entre una funda negra para no velarla. Y que todo era a oscuras, a tientas. Aprendí haciéndolo, hermano.

LA RUEDA SUELTA: Entonces, ¿cómo hizo ‘Funeral siniestro’?

J.P.: Tuve que aprender más: el señor que me ayudó no tenía muchos recursos. Era un transportador y hacía todos los sacrificios del mundo para comprar película y pagar el laboratorio. Y cuando ya íbamos a sacar la copia, nos dijeron que teníamos que pagar el corte del negativo, que costaba 10.000 dólares. ¿Entonces qué pasó? Pues Jairo Pinilla, aprenda a cortar el negativo…

LA RUEDA SUELTA: Misterio es saber dónde aprendió a escribir guiones…

J.P.: No aprendí, fluyen automáticamente, todas las películas que hice me las inventé yo.

 LA RUEDA SUELTA: Por ejemplo, ¿cómo se inventó ‘Funeral siniestro’ (1977)?

J.P.: A mí me daba miedo ver un un ataúd con un muerto adentro. En el colegio, en primero de primaria, una profesora nos llevó a ver el papá de un compañerito que se pegó un tiro. Y fuimos a la funeraria todos los niños, formados, cada uno pasaba y le miraba la cara al muerto. A mí no me gustó ni cinco y quedé marcado. En la vida me volví a arrimar a un ataúd. Un día dije, me voy a intentar un tema que me de miedo. Así salió Funeral siniestro (la historia de una niña que cuida el féretro de su tía).

27 horas con la muerte, de Jairo Pinilla

Imagen de ’27 horas con la muerte’, de 1981

LA RUEDA SUELTA: ¿En ‘Área maldita’ cuál es el miedo?

J.P.: Pues un señor notó el éxito de Funeral siniestro y me dijo que quería poner una plata, que si tenía un guion. Le dije que sí, pero pura mentira. Lo escribí como en cuatro o cinco días. Como ya había hecho un guión con algo que me daba miedo, me pregunté: ¿qué más me da miedo? ¡Ah, pues las culebras!

LA RUEDA SUELTA: Dicen sus críticos que los efectos especiales no eran buenos, y que hasta las cascabeles parecían de caucho…

J.P.: Las culebras eran de verdad y cuando se sacaban al rodaje, la gente se subía a un poste, mano, ¡fue un camello hacer esa película!

 LA RUEDA SUELTA: No es un secreto que a usted, algunos le dicen el ‘Ed Wood criollo’, por errores técnicos, incongruencias en el guion y porque no salían muy bien ciertos efectos en sus películas. ‘Pinilladas’ las llamaron

 J.P.: Vea, yo solo vine a hacer bien efectos especiales cuando conocí la truca (para efectos ópticos y sonoros) y la utilicé en Triángulo de oro (1984). Es que a mí me tocó aprender todo, hermano.

“Y desde una perspectiva del cine de culto -dice Osorio- es innegable que existe fascinación por Pinilla”.

LA RUEDA SUELTA: ¿Los demás sí le creían los trucos que creaba?

J:P.: Al principio, no. Por ejemplo, yo escribí que un niño, de 2 años, enfrentaba a una culebra, al final de la película. La mamá, muerta del susto, nunca se separó del niño mientras filmábamos. Le decía, tranquila, el niño nunca va a estar al pie de la culebra, que para eso yo hago unos efectos…

LA RUEDA SUELTA: Pero cómo un niño de dos años va a matar una culebra, ¡nadie lo cree!

J.P.: Pero la mató de pura berraquera, ahí perdimos muchos rollos, porque filmábamos y no servía, filmábamos y no servía, pero tocaba revelarla. Y se hizo…

LO OCULTO

El crítico de cine Oswaldo Osorio, que escribe en El Colombiano, siempre tuvo una mirada muy crítica sobre el cine de Jairo Pinilla. Pero hoy reconoce que es importante que se recupere su nombre y lo que hizo hace 40 años, como el intento de hacer industria en Colombia con el género fantástico y de terror, propuesto entonces solo por películas extranjeras.

“Y desde una perspectiva del cine de culto -dice Osorio- es innegable que existe fascinación por Pinilla”.

Pero eso, según él, no quita que haya pasado a la historia por hacer un cine muy malo: sus películas muestran precariedad, no solo material, sino del director y su puesta en escena, su narrativa, la dirección de actores y el lenguaje cinematográfico.

LA RUEDA SUELTA: ¿Alguna vez vio alguna película de Ed Wood?

J.P.: Yo nunca vi, nunca supe, que Ed Wood hacía cine supuestamente como yo. Pero sí después, cuando trataron de ridiculizarme en los medios de comunicación. Yo recuerdo que me decían que Jairo Pinilla se equivocó de profesión, que mejor vendiera empanadas…

 LA RUEDA SUELTA: ¿Pero vio algo de él?

J.P.: Algunos pedazos. Yo no me he guiado jamás por lo que hacen los demás, a mí me gusta ser muy original. Yo sabía que a mí me tildaban de Ed Wood, porque era de lo peor que había en Estados Unidos, y decían que yo era de lo peor de Colombia. A mí me importó un bledo.

Le dije que chévere hacer una historia en la que una persona quiera ir hasta el más allá, para hablar con alguien, y vuelva otra vez al mundo

LA RUEDA SUELTA: En Filmaffinity, una página española donde los usuarios votan, muchos de ellos exigentes, ‘27 horas con la muerte’ es su mejor película calificada (6,6).¿Y esta de qué miedo surgió?

J.P.: Un tipo quiere estafar a una de compañía de seguros. Y toma una píldora que lo hace parecer muerto, se mete a un ataúd para después ‘resucitar’ y cobrar el seguro. Mucha ficción, pero interesante. Además, parte de mi bolsillo porque con Área maldita me quedó plata.

LA RUEDA SUELTA: ¿Pero cómo se le ocurrió semejante la historia?

J.P.: Una vez, filmando en un cementerio, el corto Robo macabro (1982), el celador de allá me contó que a veces oía gritos en las noches de gente que habían enterrado en la tarde. Gritos que se ahogaban, muchos gritos.

 LA RUEDA SUELTA: ¿Y eso? ¿Le creyó?

J.P.: Me pareció buena idea para una película. Me dije: si hay gente a la que sepultan viva, pues voy a enterrar a un ‘man’ que luego se salva… y bueno, mejor dicho, el ‘despelote’. Escribí la historia.

Triángulo de oro, de Jairo Pinilla

Escena de ‘T-O, Triángulo de oro’, de 1984

LA RUEDA SUELTA: Usted, metido entre muertos, ¿no ha tenido experiencias paranormales?

J.P.: ¡Claro! Una vez en Santa Marta hubo un caso de un italiano que mató a una pelada muy bonita. Meses después, yo estaba tomando cerveza en una tienda cercana al lugar y, desde ahí, se veía la ventana del apartamento donde ocurrió el crimen. El mesero me dijo que ya no vivía nadie allí, aunque había movimientos extraños. De un momento a otro, vi que se prendía y apagaba una luz, y pasaba una pelada bonita, igual a la muerta. O sea, que ¡sí existe esa vaina!

LA RUEDA SUELTA: ¿No es lo que intenta contar en ‘Extraña regresión’ (1985)?

 J.P.: Nooo… Esa película es en la que matan a la mamá de una estudiante de medicina. Y, entonces, la hija se hace matar (literalmente) para preguntarle a la mamá qué había pasado. Unos muchachos congelan su cuerpo, para descongelarlo luego. Y vuelve a tomar vida, el cuerpo está enterito.

LA RUEDA SUELTA: ¿Esta salió de su cabeza?

J.P.: Me la inventé. Un amigo que ya murió, Alfonso Rodríguez, productor de mis películas, me contó que a un conocido suyo lo habían robado y matado. No sabían nada del asesino, y luego comentó: “habría que ir hasta el más allá para que el espíritu del muerto nos cuente quién lo mató”.

LA RUEDA SUELTA: Y a usted se le prendió el bombillo…

J.P.: Me sonó, le dije que chévere hacer una historia en la que una persona quiera ir hasta el más allá, para hablar con alguien, y vuelva otra vez al mundo. Entonces, ahí empezó el tema de la película…

LA RUEDA SUELTA: Usted desaparece justo después de esta película, por 20 años. ¿Cuál es la verdad? ¿Qué pasó?

 J.P.: Pues me quitaron todo lo que yo tenía, hermano, me quitaron todas mis películas, porque me iba a ser muy grande. Me las quitaron por una deuda de 10 millones de pesos.

LA RUEDA SUELTA: ¿Y en esos 20 años de que vivió o qué hizo?

 J.P.: Nada, nada… filmar primeras comuniones, el matrimonio de mi tía, el matrimonio de mi amigo, el bautizo de no sé quién. Ahí eso me daba algo de plata.

LA RUEDA SUELTA: ¿Y cuánto le pagaban por filmar una primera comunión?

J.P.: Pues dependía del tiempo, la persona, pero a veces yo no cobraba, igual me daban la plata porque sí. Yo decía ¡ay, gracias! Todo lo hacía con una camara de ¡Beta,ni siquiera de VHS, Beta!…

Jairo Pinilla

Pinilla, a la sombra. Foto: Simón Hernández y Andrés Kaiser.

LA RUEDA SUELTA: Entonces, no hizo plata con el cine, ¿pero logró pensionarse?

J.P.: No, hermano, ¿pensión de qué? En el cine solo se pensionan los amigos de los políticos.

LA RUEDA SUELTA: ¿Paga salud?

J.P.: Todo arañando y buscando, mirando y haciendo pendejadas por aquí y allá. Ahí voy, ahí voy…

LA RUEDA SUELTA: En el documental ‘La venganza de Jairo’ sabemos que está haciendo una película en 3D…

 J.P.: Es que ahora hablo de mi Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento. Le explico: el antiguo comenzó en 1970, desde que aprendí a hacer cine, y se acabó en el 2000. ¿Por qué? Porque ese año descubrí que el cine se podía hacer en computador, ¿quién va hacer hoy una película comprando rollos y revelando?, nadie, entonces, empecé a aprender.

EL EMBARGO

Rito Torres, que fue director de Patrimonio Fílmico Colombiano, recuerda por qué Focine embargó a Jairo Pinilla: como era un fondo de fomento, operaba como un banco, y los bancos embargan cuando alguien no ha pagado una deuda. El director, como lo ha dicho, debía 10 millones de pesos, más intereses, es decir, unos 14 millones.

Uno de los críticos más importantes del cine colombiano, Augusto Bernal, explica que Pinilla aprovechó un saldo que le quedó del préstamo para hacer otra película, por lo que fue acusado de peculado; mala utilización del dinero que estaba destinado para una sola película, T-O: Triángulo de oro.

LA RUEDA SUELTA: ¿Es cierto que usted le puso esas iniciales, porque si había un E.T, por qué no podría haber un T-O?

J.P.: Sí, en esa época estaba de moda y golpeando duro E.T.(1982), la película de Spielberg, y quise aprovechar y la llamé así: T-O. Mi película es de ficción verraquísima, donde sale un monstruo como E.T, pero muy colombiano, criollo. Y el triángulo está en la Isla Fantasma, que es misteriosa y tiene plantas carnivoras y un jurgo de vainas raras.

Al único que agarraron y mandaron al piso fue a mi por lo que las películas que hice fueron un éxito.

LA RUEDA SUELTA: ¿Y es por esta película qué lo embargó Focine, qué lo fue lo que hizo mal? ¿Cuál es su versión?

 J.P.: Porque le pedí a Focine un préstamo, pues quería que esta fuera la primera película colombiana hablada en inglés e internacionalizarla. Estaba filmada en el Canal de Panamá y Buenaventura, mejor dicho, puro cine, nada de comedias o dramas de dos señoras llorando porque les quitaron el marido, que era lo que se hacía acá. Y pedí 10 millones de pesos…

LA RUEDA SUELTA: ¿Cuánto había gastado ya?

J.P.: Ya había gastado 318 millones de pesos y necesitaba 10 millones para pagar los estudios de grabación y a la gente que supiera hablar en inglés, en México. Focine me pidió esta vida y la otra para darme el préstamo. Listo, dije, no importa. Focine fue un cáncer.

Pinilla solía actuar, brevemente, en sus películas

LA RUEDA SUELTA: ¿ Y qué le quitaron?

J.P.: Me quitaron la película, me quitaron cinco copias que eran carísimas. Me quitaron todo lo demás, todas las otras películas de ahí para atrás, mejor dicho, todo lo que hice, lo que he hecho. Hermano, todas.

LA RUEDA SUELTA: ¿No fue no por hacer otra película con esa plata que le dieron?

J.P.: Hice Extraña regresión, con un excedente del préstamo, para poderles pagar. Pero cometí una pendejada, de honesto: puse en los créditos Focine. Y se agarraron de ahí y me embargaron todo.

LA RUEDA SUELTA: ¿Aún mantiene el derecho sobre sus películas?

J.P.: Sí, tengo derechos, pero están en un juzgado, yo arreglé el problema como Focine, pero no me quieren devolver mis películas porque no aparece la secuestre que se las llevó. Todo lo que me quitaron se desapareció, no sé dónde andan.

LA RUEDA SUELTA: En esa época, cuando dice que usted no hace humor, ¿hace referencia al cine de Gustavo Nieto Roa?

J.P.: Gustavo ha hecho sus películas, a su manera, y a él creo que sí le han ayudado; aquí le han ayudado a todos los que han hecho cine, menos a mí. Al único que agarraron y mandaron al piso fue a mi por lo que las películas que hice fueron un éxito.

LA RUEDA SUELTA: ¿A quién no le caía bien su éxito?

J.P.: A los realizadores untados de política, que pensaron que solo siendo amigos del presidente todo el mundo iba a ver sus películas. Y no es así, aquí la gente va a cine porque le gusta una película, no porque son amigos de este u otro.

LA RUEDA SUELTA: ¿Qué realizadores, qué presidente?

J.P.: No le digo los nombres, pero varios ni siquiera me saludaban, sin haberles hecho nada. Pero sabía que eran muy amigos del presidente Belisario Betancur (1982-1986) y de los directivos de Focine. Yo no necesito el saludo de nadie.

Jairo Pinilla hace película en 3D

El director probando sus gafas en 3D. Foto: Simón Hernández y Andrés Kaiser.

LA RUEDA SUELTA: ¿Y qué público tenía usted? Lamentablemente no existen cifras de asistencia de la época.

J.P.: Yo tengo filmado las colas tan berracas que hacían para ver mís películas. Y eso llenó de envidia a muchos. Les daban plata, pero no se esforzaban lo suficiente, pues si la película no funcionaba, no era mucho lo que perdían. A mí no me daban, y salían buenas.

LA RUEDA SUELTA: En medio de este lío, ¿qué pasó con ‘T-O’?

J.P.: A mí me tocó distribuirla porque no me autorizaron la distribución de la United Artists. Focine, por el préstamo, ponía varias condiciones.

LA RUEDA SUELTA: Eso era entrar ya a las grandes ligas…

J.P.: Sí, yo les mostré el contrato de distribución mundial, esperaba que me felicitaran, pero me hicieron mala cara.

LA RUEDA SUELTA: ¿Quién la distribuyó?

J.P.: Pues me cancelaron el contrato al saber de los líos con Focine. Y me tocó a mí cargar las latas de un teatro a otro. Muchos, muchos líos tuve. Algunos no me pagaban, y algunos que pagaban, lo hacían con cheques que no tenían fondos. Igual, la película gustó mucho.

LA RUEDA SUELTA: ¿Por qué su cine tiene admiradores, algunos de ellos directores muy jóvenes?

J.P.: Porque no me dejé hundir, ni me dejé consumir. Un tipo que nada lo detuvo para hacer cine.

LA RUEDA SUELTA: Jairo, usted tose mucho. ¿Cuántos cigarrillos se fuma al día?

 J.P.: A veces un paquete, a veces medio, a veces dos, todo depende. Yo le digo a los amigos, ¿usted quiere fumar? O prefiere vivir? Y me dicen, “yo prefiero vivir”. A esos les digo, chao.

* Periodista y editor. En Twitter:  @joseangelbaez

 

 

 

 

 

 

 

 

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