«El ciclista de hoy vive más pendiente de sus watts que de la competencia»: Cyrille Guimard

Es uno de los mejores entrenadores de ciclismo de la historia: ganó siete Tours de Francia y dirigió a los poderosos Bernard Hinault, Greg LeMond y Laurent Fignon.

 

Guimard fue ciclista profesional entre 1968 y 1976. Ganó siete etapas en el Tour. Crédito: Archivo particular.

Unos le decían el “jefecillo”; otros, el “maestro”. Como sea, cualquiera de los dos define bien a Cyrille Guimard, uno de los hombres más importantes del ciclismo en los últimos 50 años, como ciclista y como entrenador.

Al mando del equipo Renault, entre 1978 y 1985, ganó el Tour con Bernard Hinault (1978, 1979, 1981 y 1982), Laurent Fignon (1983 y 1984) y con el belga Lucien Van Impe (1976), cuando el grupo se llamaba Gitane. Además, tres Giros de Italia y dos Vueltas a España. Su palmarés sigue y sigue…

Hoy, a los 73 años, se dedica a dirigir equipos aficionados, a participar como comentarista de ciclismo invitado y, en 2014, escribió Metido en carrera, un libro sobre sus experiencias en el lote.

Guimard ha presenciado y competido contra el ciclismo colombiano desde su primera participación en el Tour, 1983. Nadie mejor que él para hablar de su evolución.

Vale aclarar que esta entrevista se hizo tres días antes de saber que el británico Chris Froome no correrá el Tour de Francia 2020.

LA RUEDA SUELTA: Usted, como pocos, fue testigo de la llegada de los ciclistas colombianos, por primera vez, al Tour de Francia en 1983. Muchos europeos creían que los ‘escarabajos’ serían los últimos, o no terminarían la carrera. ¿Usted también tenía esa visión tan pesimista?

CYRILLE GUIMARD: No, yo no tenía esa visión. ¿Por qué no 
podrían ser campeones los colombianos? Yo participé, en 1965, en 
la Vuelta a México preparándonos para los Juegos Olímpicos de 1968, que eran en ese país. En aquella época, la Vuelta duraba 20 días y yo tenía 18 años. Fue una especie de laboratorio para ver cómo nos iba en la altitud y, debo admitirlo, tuvimos problemas de adaptación en las primeras semanas. Además, había buenos corredores latinoamericanos. Así las cosas, era simplemente que ustedes evolucionaran en sus estructuras organizacionales y en sus políticas deportivas. Las leyes fisiológicas, por decirlo de alguna manera, son las mismas para todo el mundo, y pues la técnica se aprende, siempre se aprende, así que yo no tenía ningún prejuicio frente a eso.

LA RUEDA SUELTA: Y ya como entrenador estuvo en Colombia, en 1984, en un clásico RCN con el equipo Renault. ¿Le fue mejor?

C.G.: Sí, viajamos por iniciativa del periodista Héctor Urrego. Y llevamos a los mejores ciclistas de la época: Laurent Fignon, Greg LeMond, Marc Madiot y Charly Mottet, entre otros. Y fuimos dominados por los colombianos, que eran los mismos corredores que enfrentábamos en el Tour de Francia. Así que decir que no podían terminar el Tour… No veo quién podría decirlo y a título de qué y con qué pruebas científicas. Es fácil hablar por hablar y decir cualquier cosa.

En la edición de 1972 ganó cuatro etapas y fue líder del Tour. Crédito: Archivo particular.

LA RUEDA SUELTA: No podrá negar que Laurent Fignon, doble campeón del Tour con usted, era muy antipático con los colombianos…

C.G.: Yo conocí muy bien a Laurent Fignon, y sí, tenía frases un poco cortantes. No estoy seguro, pero buscaba provocar. Él, paradójicamente, ganó una etapa del Clásico RCN, en Bogotá. Conocía bien a los ciclistas colombianos y, claro, entonces ustedes no sabían todo lo que saben hoy. Aun así, nos derrotaron, en 1984, en un Dauphiné Liberé, incluyendo a Bernard Hinault. ¡Imagínese que Fignon cuestionó hasta las habilidades de Hinault! Fignon era un hombre muy educado, pero irremediablemente provocador.

LA RUEDA SUELTA: ¿Entonces en qué fallaban los ciclistas colombianos?

C.G.: Era simplemente cuestión de que el ciclismo pudiera evolucionar en sus estructuras organizacionales e igualmente la política deportiva de los diferentes países. Había errores, errores en la preparación de los colombianos que venían al Tour de Francia, porque no existía la cultura del Tour. Y bueno, se habían olvidado ciertas leyes relacionadas a la climatización.

Hoy no me sorprende el nivel de los colombianos. Vamos a ser muy claros: Colombia es hoy la nación número uno en el ciclismo mundial. No se trata únicamente de Egan Bernal. Colombia pasó, digamos que de un país subdesarrollado, a ser la primera nación del mundo en resultados. Sobresalen en el BMX, en el ciclismo femenino, en la pista, etc. Lo que quiere decir que desde 1983, año al cual usted hace alusión, Colombia hizo una revolución estructural en la adaptación de sistemas de formación que hoy están dando frutos. No es casualidad que lleguen con chicos de 18, 20 o 22 años capaces de ganar el Tour de Francia. Hay una verdadera revolución en la base y sobre todo está la implementación de estructuras de formación que han permitido desarrollar las calidades de los jóvenes colombianos.

LA RUEDA SUELTA: ¿Las necesidades no cuentan?

C.G.: También está el aspecto social, pero no lo tome peyorativamente. El pueblo colombiano, en sí sudamericano, por regla general tiene condiciones de vida que son mucho más difíciles que las de los europeos, que tienen su Play Station, y se sentirán desdichados si no tienen la bicicleta más bella del mundo y el par de zapatillas más modernas del mundo. Sabemos que el deporte en Colombia permite una evolución social, lo que no ocurre en Francia. Pero a ustedes, esas condiciones, les permite tener una aproximación diferente al deporte y les da fuerza para ser campeones.

LA RUEDA SUELTA: Aún así, no fue suficiente en el siglo pasado…

C.G.: No tenían la estructura. La estructura del ciclismo evoluciona como los demás deportes. El ciclismo evoluciona igualmente como la sociedad civil. ¿Acaso la sociedad civil de ese momento era el reflejo del ciclismo colombiano? ¿O el ciclismo colombiano era el reflejo de la sociedad civil? Era el reflejo de la sociedad civil, y no al inverso. Hablo de los gobernantes, las políticas, la industria, el comercio, la sociedad, la educación. No quiero sonar a politólogo, pero el deporte es el reflejo del país y eso no cambia. Hay pioneros que hacen evolucionar las cosas, quizás el ciclismo de hoy en Colombia sea una actividad pionera, que puede hacer evolucionar el resto de la sociedad. Me acuerdo muy bien que el ciclismo era muy popular en Colombia, y me decían: “Para nosotros el ciclismo es más importante que el fútbol” ¿Acaso hoy el fútbol se ha vuelto más importante que el ciclismo en Colombia?

LA RUEDA SUELTA: Hoy es más popular el fútbol…

C.G.: ¿El fútbol ha ganado poder?

LA RUEDA SUELTA: Sin duda…

C. G.: Claro, el fútbol debe tener más horas de televisión que el ciclismo y otros deportes…la publicidad manda. Entonces, normal… moralmente no es aceptable, pero también hay intereses político-económicos.

LA RUEDA SUELTA: Pero nuevas generaciones en Colombia le han cogido gusto al ciclismo, desde Nairo y Urán. Y mucho más con el título de Egan Bernal el año pasado en el Tour.

C.G.: Es que tienen ambición. Sigo mucho a Egan Bernal, desde hace dos años, y comento en las redes sociales las entrevistas que suele dar. Y he dicho: “¡No se equivoquen! Egan Bernal es un chico inteligente, por encima del promedio, que lo ha comprendido todo y que irá muy lejos!”. Y me decían: “Ah sí, pero es muy joven, etc.”

LA RUEDA SUELTA: El equipo Ineos tiene actualmente una situación similar a la que usted tuvo que enfrentar con Renault. Puede ser comparable el caso Egan y Froome, en Ineos, al de Fignon e Hinault, en Renault.

C.G.: ¡Y hay que agregar también a Greg LeMond! (risas). Puede ser la misma situación, aunque algo diferente: en mi equipo nunca tuve a los tres ganando al mismo tiempo. Cuando Laurent Fignon ganó su primer Tour, 1983, Hinault había ya ganado cuatro y no participó ese año. Tenía a dos vencedores y a otro, LeMond, que yo sabía lo iba a ganar. Todos conocíamos su potencial. Cada uno sabía que su verdadero adversario no estaba en el equipo del lado, sino en su propio equipo. Hinault y LeMond se fueron. Lo de Ineos es muy complejo: Froome participe o no participe en el Tour. Si no participa, no hay problema, pero si lo hace estará tres semanas cargando un fusil Kalashnikov. En cambio, Egan Bernal tiene todo para dar: tiene 23 años y la oportunidad de ganar cuatro o cinco Tours. Froome, que se va del equipo, puede ser un problema participando en el Tour.

LA RUEDA SUELTA: ¿Exactamente en qué?

C.G.: Froome ya no tiene 18 años y dudo que diga “yo voy al Tour totalmente al servicio de Egan Bernal, y lo hago sin competirle”. Él anunció que quiere ganar su quinto Tour. Si Froome va al ataque, nadie en su equipo va a oponerse a que avance, nadie lo va a buscar. ¿Acaso es Egan Bernal quien estará obligado a hacerlo? Y así muchas situaciones similares. Y no olvidemos que Froome tendrá el equipo Israel a su favor: los corredores de Israel no irán en su contra, pues serán sus coequiperos el año entrante. Todo es posible, no lo sabemos. Hay un contrato que debe respetar, con una penalidad de 10 millones de dólares si no acata su compromiso.

Guimard y su esposa, Anne Philippe. Crédito: Archivo particular.

LA RUEDA SUELTA: ¿Qué debería hacer Egan Bernal?

C.G.: Si yo me llamo Egan Bernal no acepto que Froome participe, quiero todo el equipo a mi disposición, no voy a ensayar a ver qué pasa. Usted no debe ir a una competencia con coequiperos que tienen aún cierta amistad y respeto por Froome… no olvidemos que el afecto juega un papel muy importante en el espíritu de equipo. Bernal debe imponerse como el único líder y no aceptar la presencia de Froome.

LA RUEDA SUELTA: ¿Qué falta del ciclismo de antes y qué considera lo mejor en el ciclismo de hoy?

C.G.: Nunca se puede decir que antes fue mejor, porque antes no fue mejor, quizás estuvo bien. Como lo hablábamos antes en relación al problema social… el ciclismo de 1955, 1965 o 1975 no puede compararse al de hoy, pues ha evolucionado, así como todas las generaciones evolucionan con el paso del tiempo. Por ejemplo, cuando un chico le pregunta a su papá :“¿Cómo hacían antes cuando no tenían Internet?” Bueno, pues se hacía de otra manera y todo funcionaba bien; salvo que la generación de hoy es la generación de nuestros hijos, y si es la generación de nuestros hijos, somos nosotros los que los formamos el actual estado de las cosas. Así que no puedo ser muy crítico.

LA RUEDA SUELTA: ¿Cree que ahora la ciencia y la tecnología están por encima de la condición física de los ciclistas?

C.G.: No, porque usted puede hacer todo lo que quiera, pero siempre habrá un par de pedales, una silla y un manubrio. Y tiene que pedalear, a menos que le ponga un pequeño motor. No, yo pienso que siempre será determinante la musculación o los nervios de los deportistas. Lo que sí ocurre es que ha cambiado el interés por las carreras: el ciclista vive más pendiente de su frecuencia o de sus watts, que de la competencia. Eso no me gusta, como el uso de los auriculares, porque afectan el equilibrio, la concentración sobre la bicicleta. El ciclista moderno está totalmente formateado, asistido. Y eso sucede también en el resto de la sociedad. Vamos hacia un pensamiento único, que predomine y eso es muy perjudicial, y no muy deportivo.

LA RUEDA SUELTA: Usted siempre estuvo en contra del dopaje, y le tocó vivir los años difíciles de la Eritropoyetina (Epo) y de los anabolizantes, el caso Festina y el caso Armstrong. ¿Cree que es posible erradicar el dopaje en el ciclismo?

C.G.: Erradicar el dopaje es imposible. Si se pudiera erradicar el desempleo tal vez se podría erradicar de la faz de la tierra a los vagabundos, los ladrones, los tramposos y los mentirosos. Le puedo asegurar que el dopaje siempre ha existido y en todo lugar, en las áreas que ni se imagina y seguirá existiendo. Como en la época de los romanos: los gladiadores, para enfrentar a los leones, tomaban sangre de toro, pues pensaban que eso les daría la fuerza del toro; o los que corrían y saltaban, comían carne de cabra porque pensaban que les permitiría brincar más lejos. Así que el dopaje es algo que hace parte del sentido del ser humano, casi psicológico. Si se quisiera erradicar el dopaje, habría que comprender en primera instancia por qué existe.

LA RUEDA SUELTA: ¿Cómo combatirlo?

C.G.: Yo pensaría que, antes de erradicarlo, intentemos mejorar que el deporte sea equitativo, hablemos de justicia deportiva. Eso es lo más importante.

LA RUEDA SUELTA: ¿Será que todo lo que ha generado la pandemia por el COVID-19 afectará el desempeño de los ciclistas?

C.G.: Durante las dos guerras mundiales, el ciclismo, en gran parte, tuvo que detenerse. Una vez terminó cada conflicto, todo regresó a la normalidad y las cosas tomaron su curso. Hoy tenemos una situación totalmente diferente, que nuestra generación jamás había vivido. Sin duda, habrá cambios porque hay países donde el confinamiento fue total, mientras que en otros los deportistas continuaron su actividad. Posiblemente, viviremos un Tour de Francia diez veces más interesante que los años anteriores.

LA RUEDA SUELTA: ¿Quién es su candidato para ganar el Tour de Francia este año?

C.G. : ¡No hay duda alguna. Un colombiano!

LA RUEDA SUELTA: Hay más de 10 colombianos que participan.

C.G.: Egan Bernal, lógicamente, es intocable. Él es mi gran favorito.

LA RUEDA SUELTA: ¿Aún le duele la derrota de Fignon a manos de LeMond en París, en 1989?

C.G.: Yo dirigí varios corredores y gané varios Tours también. Sí, la del 89 fue una carrera inteligente de LeMond. Fignon, infortunadamente, terminó con problemas de salud. Me dio pesar por Laurent. A los dos yo los aprecié bastante, tanto en el plano deportivo como en el humano. Y para mí fue un momento muy difícil.

LA RUEDA SUELTA: ¿Quién es el mejor ciclista que usted vio?

C.G. : Bernard Hinault tenía toda la fuerza salvaje para ganar. No conocí a Coppi, Bartali o Bobet, pero fueron grandes. Y hay otro gran fenómeno por su personalidad, carisma y vida: Jacques Anquetil.

 

 

 

 

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