Dejar de ser lo que fuimos

Análisis de una de las películas más conmovedoras  del 2020, que significó un Oscar para su protagonista, Anthony Hopkins. Es la adaptación de una obra teatral. 

 ‘The Father’, ganó dos Oscar: mejor actor y mejor guion adaptado.

 

Samuel Castro *

En una escena de The Father, la brillante adaptación cinematográfica de una, seguramente, brillante obra de teatro que hace su mismo autor, el dramaturgo y ahora director de cine parisino Florian Zeller, el personaje principal de la historia, Anthony, hace un gesto en el que se cubre parcialmente la mitad del rostro con su mano durante unos segundos, como una forma de expresar su desesperación.

¿Dónde hemos visto ese gesto antes? Fue en una película inglesa de hace 27 años, Lo que queda del día, donde otro Anthony, pero de apellido Hopkins, encarnaba a un mayordomo, Stevens, impotente ante la caída de las barreras que protegían su intimidad.

Ese Anthony pareciera ser este mismo Anthony de The Father, porque incluso comparten su fecha de nacimiento, diciembre 31 de 1937, que escuchamos dicha por él mismo en una cita médica, pero todos en la audiencia sabemos que no, que este Anthony es un personaje de ficción que no entiende muy bien cómo ha perdido su reloj (embolatar el tiempo, en una pista del guion efectiva e inmediata para insinuarnos con gentileza la pérdida de la memoria, uno de los principales efectos de la demencia senil) ni si sigue viviendo en su apartamento o en el de su hija, ni cómo ha llegado hasta esa pared algún cuadro, ni por qué la puerta que daba a la cocina ahora lleva a una habitación.

La mayor cualidad de la película, además de no renunciar al humor a pesar de lo duro del tema, es llevarnos a habitar la mente de Anthony como si fuera una casa, para que compartamos sus confusiones, para que en verdad nos pongamos en sus zapatos y entendamos la desesperación que le llevará a ese gesto del que hablamos en el primer párrafo.

Todo esto nos presenta una bella paradoja: quien le pone ese gesto de hace 27 años a otro de sus personajes es Anthony Hopkins, el actor, que comparte edad y esperanza de vida con el Anthony que aparece en The Father, que a su vez es capaz de mentir con gracia (es decir, de actuar) para hacer reír y casi de inmediato aterrorizar a una muchacha que llega a su casa (¿o a la casa de su hija?, nunca lo tendremos claro nosotros tampoco) como candidata para cuidarlo.

Trailer de ‘The Father’

Al transformarse con tal facilidad, al utilizar su propia fecha de nacimiento o al escoger él mismo el aria de Los pescadores de perlas, de Bizet, que se escucha en uno de los momentos más sensibles, Anthony Hopkins está utilizando la película para decirnos que él es todos los personajes que ha sido, igual que nosotros somos todos los que alguna vez fuimos, y que a su edad también tiene ese mismo miedo de desvanecerse lentamente, de olvidar el tiempo en algún rincón y dejar de reconocerse.

Cuando al final el Anthony de la ficción grita y llora, partiéndonos el alma, sus palabras se confunden, las confundimos, con las que creemos que podría decir el Anthony de la vida real.

Esa simbiosis del protagonista con su personaje, en una historia como The Father, construida a partir de lo que creemos que es la realidad y de los engaños que nuestra propia mente nos juega con la edad, sabiamente aprovechados por una dirección de producción que va alterando los espacios conforme pasan las secuencias, solo puede ser benéfica.

Porque llega el momento en que nos despreocupamos del personaje, o de averiguar cuál de las dos actrices que se llaman Olivia en la vida real y que también se parecen físicamente, actúa de la hija.

Solo nos importa tratar de entender; averiguar cuál es el mecanismo narrativo que nos están presentando. Como si fuéramos también Anthony, lo único que nos preocupa es darle un orden a ese caos, mientras disfrutamos de un actor que pareciera no actuar, y de un reparto que sin estar en su mismo escalón sí está a su altura, consiguiendo entre todos que el impacto emocional nos llegue a un punto más profundo de lo que lo hace una ficción más común. A ese lugar donde ni siquiera las palabras logran describir todo lo que sentimos.

En la versión original de teatro, mientras iban pasando las escenas, los elementos de la escenografía que conformaban los distintos espacios iban desapareciendo, hasta que al final solo quedaban los intérpretes actuando en la penumbra. A esa imagen se parece ese hueco que sentimos en la boca del estómago cuando termina The Father. A un escenario casi vacío, en el que no tenemos muy claro qué papel nos tocará interpretar al final.

 

 

 Calificación: 

 ‘The Father’

Global: CINCO ESTRELLAS

Fotografía: 10/10

Música: 9/10

Actuación: 10/10

Guión: 10/10

Dirección: 9/10

 

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