“Es muy difícil que un ciclista tipo Pantani o Lucho Herrera gane hoy una gran carrera. Pero ojalá aparezca”: Ander Izagirre

El autor del reverenciado ‘Plomo en los bolsillos’ prepara un nuevo libro sobre ciclismo: el lado B del Giro de Italia, generoso en honores, engaños e infortunios. Una larga charla con él.

Ander Izagirre en Macerone, en Los Apeninos. Este era el punto más temido por los ciclistas de los primeros Giros, un camino embarrado, imposible de pedalear. Crédito: Archivo particular. 

 

José Ángel Báez A.*

El pasado 21 de junio, cuando terminaron las restricciones de movilidad en España, el periodista Ander Izagirre salió del País Vasco hacia Cataluña, en bicicleta y acompañado de su novia. Un recorrido de casi 800 kilómetros. Luego, abordaron un barco para ir hasta la isla de Cerdeña. Más tarde, otra vez sobre dos ruedas, siguieron a Nápoles, las montañas del Molise, los Abruzos, la Toscana. Sumó tres meses de viaje.

Ander dice que habría querido recorrer toda Italia en bicicleta, un gran viaje, pero el Covid-19 trastocó sus planes. Puede que lo complete el próximo año.

Esta travesía la aprovechó para repasar algunos escenarios, para entrevistar y pensar en un nuevo libro, una versión de Plomo en los bolsillos, pero con las andanzas, bienaventuranzas y condenas de quienes algunas vez compitieron en el Giro de Italia. Y, en general, sobre el ciclismo de ese país.

Este periodista vasco, de 44 años, autor de 11 libros y diversos reportajes, sobre Chernóbil, los mineros de Potosí (Bolivia), los llamados ‘falsos positivos’ (Colombia) y lenguas en peligro de extinción (México), entre otros, cautivó a los simpatizantes del ciclismo, en 2005, con Plomo en los bolsillos, un libro sobre héroes y antihéroes del Tour de Francia.

No sobra decir que Izagirre intentó ser ciclista profesional. Sin embargo, un día de competencia entró muy rezagado a un pueblo; y notó cómo una madre le dijo a su pequeño hijo, que estaba vestido de ciclista:

– Si vas a andar como este, tú mejor ni salgas, ¿eh?

Desde los Montes Apeninos, durante un par de días y poco antes del Tour de Francia, Ander Izagirre habló con LA RUEDA SUELTA.

Ander Izaguirre en Macerone. Crédito: Archivo particular. 

LA RUEDA SUELTA: En las primeras páginas de su libro ‘Plomo en los bolsillos’ dice que, cuando niño, vio una etapa en Luz Ardiden (1985) que ganó ‘Perico’ Delgado, a quien admiraba. ¿Qué ha pasado con esa admiración?

A.I.: Uno tiene ídolos cuando es niño y ve a los ciclistas casi como superhéroes. Y cuando te acercas a uno, se te abre la boca. Pero cuando eres adulto, admiras el ciclismo, a los pedalistas, al deporte y, en mi caso, no sientes ninguna devoción fanática por alguien. Me gusta este deporte y no tengo ninguna preferencia especial por nadie, de ningún país, igual sea colombiano, vasco o francés. Me importa si es un buen ciclista y ofrece espectáculo, alegra las carreras y nos emociona. Me gustaría que este ganara, pero me da igual de dónde sea.

LA RUEDA SUELTA: De todos esos personajes entrañables que usted menciona en ‘Plomo en los bolsillos’, como Poulidor, Abdel Kader, Koblet u Ocaña, ¿cuál es su favorito?

A.I.: Hay uno fascinante: Roger Walkowiak, que ganó un Tour y se arrepintió de haberlo hecho. Walkowiak ganó en 1956 siendo un ciclista de segunda fila, que aprovechó dos o tres escapadas y cogió muchos minutos de ventaja en una carrera sin líderes claros, caótica. Luego resistió de manera épica con el maillot amarillo, ganó el Tour, pero lo despreciaron.

LA RUEDA SUELTA: ¡La prensa fue inclemente con él!

A.I.: Sí, los periódicos dijeron que esa había sido una edición indigna, que ganó por casualidad, que era un ciclista mediocre. Walkowiak sufrió mucho ese desprecio y se retiró muy joven. Lo peor: pasó 40 años lejos de la vida pública, sin querer hablar de su victoria. Después de ese tiempo, ya anciano, ante la televisión francesa, dijo que el Tour le había hecho sufrir mucho por aquella victoria, por aquel desdén.

LA RUEDA SUELTA: ¿Qué supo después de Walkowiak?

A.I.: La organización del Tour lo homenajeó y así rehabilitó un poco su figura. Un bonito gesto para apreciar el valor de aquella victoria inesperada de Walkowiak, un personaje interesante que alcanzó la gloria más importante de su deporte y, cuando lo consigue, lo criticaron y burlaron. Su historia es casi de tragedia: un mortal que consigue una gloria que no estaba destinada para él, para otro héroes mayores, y sufre una venganza de los dioses. Un personaje trágico y mucho más interesante que otros ciclistas más laureados.

Roger Walkowiak, el ciclista francés que lamentó haber ganado el Tour de Francia. Crédito: Wikimedia Commons. 

LA RUEDA SUELTA: Usted ha dicho en más de una ocasión que el Tour de Francia es un género narrativo. ¿Por qué?

A.I.: No olvidar que al Tour lo inventaron periodistas, que al final del siglo XIX, en París, intentaban crear grandes eventos. Como, por ejemplo, carreras ciclistas, cada vez más largas, más difíciles, para promover la venta de bicicletas: muchos de los patrocinadores o fundadores de los periódicos eran vendedores de bicicletas, coches y máquinas nuevas de finales del XIX. Y a la gente le interesaba muchísimo las carreras, las aventuras de la París-Roubaix o de la París-Marsella.

LA RUEDA SUELTA: Largos recorridos, grandes aventuras…

A.I.: Pues así unían ciudades. A Géo Lefèvre, uno de los redactores de L’Auto (hoy L’Équipe), se le ocurrió una carrera que uniera varias ciudades de Francia, y lanzó la idea del Tour. Y digo que es un género literario porque la fórmula actual de una carrera, de tres semanas, tiene éxito al tener elementos narrativos muy buenos: días en los que pasa poco, otros en los que de repente todo cambia y se pone patas arriba y, cómo no, hay tramas principales entre los ciclistas que quieren ganar la carrera, que pelean entre sí. Y después, tramas secundarias: los que buscan el triunfo de etapa, los que buscan la montaña, la clasificación por equipos, alianzas de unos con otros, enemistades, protagonistas heroicos, antagonistas tramposos, traidores antipáticos, en fin, toda una gama de personajes y de situaciones que dan para una narración de gran riqueza.

LA RUEDA SUELTA: ¿Seguro que todos los días pasa algo?

A.I.: Todos los días pasa algo, si no pasa en la general, quizá sí en la lucha por etapas. En el Tour, de alguna manera, siempre habrá algún drama o una alegría. Los periodistas que lo inventaron sabían que esta gran aventura atraería a la gente y sería un éxito comercial. Vendían muchísimos periódicos cada vez que se disputaba la carrera y de ese logro, hace más de 100 años, seguimos viviendo. Por eso me parece que el Tour de Francia es un gran relato narrativo.

LA RUEDA SUELTA: ¿Usted es de los que cree que hay que mirar para atrás?

A.I.: Creo que falta algo de distancia. Los Tours de hace cinco o diez años, salvo situaciones extraordinarias, no dicen nada excepcional, alguna anécdota como la de Froome corriendo sin bicicleta en el Mont Ventoux. Pero creo que el valor histórico está en mirar cómo eran las diferencias.

LA RUEDA SUELTA: ¿En ‘Plomo en los bolsillos’ por eso llegó hasta Lance Armstrong?

A.I.: Sí, por lo que te decía antes, no hay mucho de dónde contar en los últimos años. Los cuatro Tours de Chris Froome y el control del Sky (ahora Ineos) han dado poco juego.

Izagirre en la subida al Gran Sasso, una de las cimas con más historia del Giro de Italia. Crédito: Archivo particular. 

LA RUEDA SUELTA: ¿Y ahora hacia qué parte de la historia está mirando?

A.I.: Tengo un libro muy avanzado, aún sin nombre, con historias del Giro de Italia y del ciclismo italiano. Me apetecía contar su historia porque es el reflejo de una sociedad y de un país. Es fascinante narrar cómo se crea el Giro, a principios del siglo XX, en un país recién unificado, recién hecho. Por ejemplo, tenía problemas de conexión entre el norte y el sur, casi no hay carreteras. El primer Giro de la historia no va más allá del sur de Nápoles y, aún así, era una hazaña. Muestra un ciclismo épico, de supervivencia con etapas de 300 y 400 kilómetros por zonas de montaña desconocidas para los italianos del norte…

LA RUEDA SUELTA: ¿Por qué llegan solo hasta Nápoles?

A.I.: Ellos intentaban que fuera una vuelta nacional, pero el país estaba partido, había mucha pobreza. Después llegará la Primera Guerra Mundial y un montón de ciclistas quedan involucrados en ella. Hay todo tipo de odiseas, trampas, aventuras y sucesos impensables, en ocasiones, hasta se pierden los ciclistas en las montañas porque los caminos no están bien señalizados, los desprendimientos de tierra los desbibujaban.

LA RUEDA SUELTA: ¿Ciclistas perdidos como si nada?

A.I.: No, el Giro se paralizó un par de veces porque no encontraron a los ciclistas. En 1914, por ejemplo, terminan solo 8 corredores; en la primera etapa, hacia Sestriere, cayó una tormenta con nieve y, de 80 ciclistas que partieron ese primer día, la mitad se fue para la casa. Eran Giros tremendos.

LA RUEDA SUELTA: Años después, vendrían los duelos Coppi vs. Bartali…

A.I.: Sí, pero hay unos personajes secundarios que son muy interesantes. En medio del duelo entre Coppi y Bartali está, como tercer hombre en disputa, Fiorenzo Magni, que tiene una historia bastante oscura por estar alineado con los fascistas que apoyaron a los nazis cuando entran a Italia. Magni sufre el desprecio de gran parte de la afición. Hasta estuvo en juicio.

LA RUEDA SUELTA: ¿Qué más encontró en su travesía?

A.I.: El Giro es un reflejo de lo que ocurre en Italia y eso me parece interesante. Después se moderniza el ciclismo, pero hay personajes muy a la antigua, épicos, como Charly Gaul y su hazaña en el monte Bondone, bajo una tormenta de nieve; un día mítico en el que remonta, prácticamente, 20 minutos cuando no tenía ninguna opción de ganar. La mitad del pelotón se retiró porque no aguantó la inclemencia del clima. Esta es una cara de la leyenda, pero me gusta escarbar un poco en el reverso: en esa época no había control antidoping y se hacían severas salvajadas, y Charly Gaul era el rey de las anfetaminas, basta con detenerse en ciertas fotos suyas y ver cómo lleva los ojos.

Charly Gaul, en 1958, ganó el Tour y cuatro etapas. Crédito: Wikimedia Commons. 

LA RUEDA SUELTA: La trampa siempre existió…

A.I.: Desde el inicio hasta estos días, la trampa es parte del juego, igual que las alianzas, las traiciones y las cooperaciones.

LA RUEDA SUELTA: ¿Y en su libro habrá lugar para Saronni Vs. Moser?

A.I.: Ese fue otro duelo que dividió a Italia, como el de Coppi y Bartali, pero en versión más reducida. Los dos eran personajes muy interesantes, se detestaban y forjaron años de mucha tensión; los recorridos los preparaban a su gusto, es decir, con poca montaña. Eran días de muchas polémicas, abandonos y peleas en directo por la televisión, días feroces. Algo que sí quiero incluir en este libro, que no tuve en Plomo en los bolsillos, el ciclismo femenino

LA RUEDA SUELTA: ¿Y con cúal historia?

A.I.: Entrevisté a Florinda Parenti, que ganó el campeonato de Italia, en 1965, cuando el ciclismo era muy precario, a las mujeres las trataban con desprecio. Existen artículos y crónicas de esa época que, vistos hoy, son asombrosos. Y es bastante conocida la historia de Alfonsina Strada que, en 1924, corrió el Giro con los hombres. Quiero meterme en detalle con ella, que también corrió Lombardía y otras carreras al lado de los hombres.

Alfonsina Estrada fue la primera y única mujer que ha corrido el Giro de Italia con los hombres. Fue en 1924 y le ganó a varios. Crédito: Wikimedia Commons. 

LA RUEDA SUELTA: ¿Por qué los artículos de la época eran asombrosos, acaso qué decían?

A.I.: La mayoría de las ciclistas de esa época eran estrellas de espectáculo, que a veces competían en velódromos, pero más como atracción de feria o de circo que como deportistas. Hacían exhibiciones en pistas con trampolines y otras habilidades, aunque ya en los años sesenta sus competencias eran algo más serias. El desprecio se nota en las crónicas que hablan sobre si las ciclistas tenían novio, si sabían cambiar una rueda o no, si les gustaba ir a bailar. En fin, un tratamiento bastante machista.

LA RUEDA SUELTA: Los aficionados de mi generación, la misma que disfrutó de Lucho y Parra, recuerdan del Giro dos grandes episodios: la ‘extraña’ derrota de Fignon frente a Moser, en 1984, y la etapa de terror en el Gavia, en 1988.

A.I.: Te cuento que subimos con mi novia al Gran Sasso, uno de los macizos legendarios del Giro de Italia. Pero también de la Segunda Guerra Mundial, porque en Campo Imperatore hay un hotel donde estuvo detenido Mussolini y un comando nazi de paracaidistas fue a liberarlo. Y ese hotel ha sido una llegada legendaria en el Giro. En los años que la carrera intentaba reducir las montañas para favorecer a Moser y Saronni, flojos en la escalada, inventaban cualquier estrategia. Marino Lejarreta, ciclista vasco que subía bien, contó cómo en 1984, en el famoso duelo entre Moser y Fignon, la organización hizo todo lo posible para que el italiano ganara por fin un Giro. Y en la llegada al Gran Sasso, por ejemplo, no pusieron la meta en la cima, sino en una estación abajo del teleférico que sube al Campo Imperatore. Los típicos trucos para que Moser superara leves montañas.

LA RUEDA SUELTA: Finalmente, en una cronómetro, Moser fue ayudado por un helicóptero para ganarle el Giro a Fignon. ¿Y lo del Paso Gavia entra en el libro?

A.I.: Sí, escribí un capítulo de esa etapa famosa del Gavia, la de la terrible tormenta de nieve, casi al límite de la supervivencia. Me centré en un personaje fascinante, el belga Johan van der Velde, que pasó primero por el Gavia en medio de la nevada (temperatura cercana a los 0 grados y a 2600 metros de altura) apenas con un maillot corto, sin ninguna protección. Ocurrió algo: ¡Van der Velde en la bajada desapareció! Nadie sabía dónde estaba. Pues se había escondido primero en un coche, luego en una cabaña y llegó 45 minutos más tarde que el primero en la etapa, Erik Breukink.

Johan Van der Velde cruzando el Gavia, en 1988, en la etapa llamada: «El día que los hombres lloraron». Momento épico. Crédito: Wikimedia Commons. 

LA RUEDA SUELTA: Él era un ‘Freak’, no sé si aún lo sea…

A.I.: Van der Velde es un personaje bastante peculiar en los años ochenta, una gran promesa del ciclismo belga; él mismo contaba que tuvo unos problemas por la adicción a ciertas sustancias, que empezaron con el ciclismo y se le acabaron yendo a la cabeza. Luego, tuvo varios episodios rocambolescos: en ese Giro, cuando le pilló la nevada, iba encendido y se tiró para abajo casi sin ropa. Yo creo que iba en una situación mental algo desequilibrada, por el esfuerzo, y vete a saber por qué otras cosas. En los años siguientes también protagonizó episodios complejos, como robos. Su historia es un poco difícil. Años más tarde, ya rehabilitado, participó en carreras y fue acompañante de juveniles y aficionados. Todavía en Italia la gente recuerda cómo subió el Gavia en camiseta corta. El famoso ascenso de van der Velde, pero luego vino su descenso terrible, físico y biográfico, a una especie de infierno.

LA RUEDA SUELTA: Las grandes carreras significan mucho para sus países, el Giro no podría ser la excepción…

A.I.: Al comienzo, el Giro fue una exploración del propio país, además de grandes aventuras deportivas, grandes aventuras sociales: ver cómo con la llegada del fascismo ciertos deportistas tienen que pelear para adaptarse a un régimen dictatorial. Hay grandes historias que continúan a lo largo del siglo XX. Por eso creo que cuando hay una distancia suficiente de tiempo, contamos historias que nos sorprenden mucho y que nos revelan cómo eran las sociedades, el deporte y los deportistas.

El belga van der Velde en el Gavia, 1988.

LA RUEDA SUELTA: Alrededor del ciclismo siempre hubo buen periodismo, pero a cierta parte de la prensa hoy le interesa solo por caídas, pinchazos o dopaje…

A.I.: Hay veces que los medios generalistas solo hablan del ciclismo cuando ocurre esto, pero el ciclismo tiene suficiente interés sin necesidad de llegar a extremos morbosos. Es cierto que a veces se juega en los límites y hubo muertes, tragedias como la de Tom Simpson, pero no creo que el éxito de este deporte se explique porque sea amarillista y los aficionados unos morbosos, sino porque es un espectáculo que nos atrae, nos interesa.

LA RUEDA SUELTA: Usted habla de espectáculo, pero algunos asocian al ciclismo hoy con aburrimiento. ¿Qué está pasando?

A.I.: Hoy puede haber menos dureza en los recorridos, excesivo control actual de los equipos y que sea una prueba menos salvaje que antaño. Y es cierto que las carreras no son como las de hace 100 años, con etapas de 400 kilómetros, con bicis mucho más pesadas y con carreteras de tierra y gravilla. Sí, hoy el Tour es mucho más suave que entonces y sigue siendo el Tour, sin ninguna duda. Puede que sea un poco más cerrado que otras pruebas como el Giro, donde vimos ataques de Froome a 80 kilómetros de meta, o los ataques de Contador en la Vuelta a España que ganó en 2012, en Fuente Dé, a 60 kilómetros del final. Pero creo que en el Tour hay momentos de gran pelea táctica, inteligencia de carrera y no solo fuerza bruta.

LA RUEDA SUELTA: A veces, la nostalgia nos puede…

A.I.: No debemos añorar el ciclismo de otra época, porque nosotros no vivimos la Europa en la que las carreteras estaban destruidas por las guerras recientes y los ciclistas vivían en malas condiciones económicas. Aquello era una aventura de supervivencia, nuestra sociedad ha cambiado. El ciclismo es un deporte muy tecnológico, muy líder en todo tipo de adelantos técnico-mecánicos.

LA RUEDA SUELTA: ¿No cree que en Colombia son pocos los libros que se escriben a pesar de su cultura ciclística?

A.I.: Supongo que es cuestión de tiempo. En España siempre hubo uno que otro libro, pero el auge no tiene ni 10 años, incluida la traducción a otros idiomas. Supongo que en Colombia, poco a poco, irán surgiendo escritores que miren hacia atrás, por ejemplo, a los años ochenta cuando hubo un gran movimiento del ciclismo colombiano, con Herrera y Parra en el Tour de Francia o la Vuelta a España. En Colombia no faltan ciclistas ni escritores.

Fabio Parra y Lucho Herrera. Crédito: Wikimedia Commons. 

LA RUEDA SUELTA: ¿Usted sí cree que hay suficientes libros de ciclismo?

A.I.: No creo que haya pocos. Cuando publiqué Plomo en los bolsillos había muy poca producción en España; en Francia ya había muchos libros por ser la cuna del Tour. Pero ahora en mi país hay un auge de literatura ciclística, muchas colecciones y libros. En Italia hay una gran literatura de ciclismo, de gran tradición, no solo de grandes cronistas deportivos sino de grandes escritores que en algún momento se acercaron al Giro de Italia o a las grandes carreras, atraídos por personajes como Coppi y Bartali, como Girardengo, como Gimondi, como Pantani con todas sus luces y sombras. Sí hay buena literatura porque el ciclismo permite un gran juego narrativo.

LA RUEDA SUELTA: Usted habla muy bien de Egan Bernal…

A.I.: Me parece un grandísimo ciclista, muy maduro, muy completo, grandísimo escalador, que sabe defenderse en contrarreloj, en llano, que tiene un equipo fuerte. Ya esa figura del escalador explosivo, que es un desastre en la contrarreloj y malo en el llano, no tiene mucho futuro. Es muy difícil que un Pantani o un Lucho Herrera, alguien de ese tipo, gane hoy una gran carrera. Pero esperemos que ojalá aparezca, por la sorpresa y emoción que generan, para que rompa las carreras.

 

Editor y periodista. En Twitter: @joseangelbaez

 

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